martes, 16 de noviembre de 2021

La isla del paraíso (las travesías de san Brandán)

LA ISLA DEL PARAÍSO[1]

LAS TRAVESÍAS DE SAN BRANDAN

Considerado sin razón durante mucho tiempo como legendario, san Brandan es uno de los grandes viajeros de la época celta. Durante siglos, los relatos apócrifos de sus viajes apasionaron a los lectores medievales. Las distintas versiones de la Navegación de san Brandan (Navigatio Sancti Brandani) se escalonan entre los siglos IX y XIV, pero las copias de manuscritos aumentan sensiblemente a partir del siglo XII y su difusión se extiende por toda Europa. La fascinación que ejerce el personaje se explica por la convicción generalizada que descubrió la Isla de las Maravillas, es decir, el Paraíso terrenal.

LOS MONJES NAVEGANTES

En los siglos V y VI, los monjes celtas, cuya tradición católica de origen oriental se opone en cierta medida a la que Roma intenta imponer en Europa continental, se adentran en el mar. Se proponen convertir a los paganos del oeste, lo que explica la importancia que reviste para ellos conocer las islas del Atlántico.Por otra parte, en el evento que pudieran realizar el viaje hasta Jerusalén al menos una vez, se les recomienda exiliarse solos o en pequeños grupos en lugares apartados para hacer penitencia y construir eventualmente un monasterio. De este modo, se establecen en Islandia ya a fines del siglo V. Sin embargo, numerosos monjes ya no pueden integrarse a la vida común y pasan su tiempo viajando de isla en isla. La razón de sus vagabundeos radica en una esperanza loca: descubrir el paraíso terrenal que una tradición ubica con extraña certeza al otro lado del Atlántico.

LOS PRIMEROS VIAJES DE BRANDAN

Hacia el 506, Brandan, un hombre libre nacido en Irlanda alrededor del 484 y ordenado sacerdote por el año 504, vive en el país de Gales. Unos quince años mis tarde, realiza, junto a una pequeña tripulación, su primer gran viaje hasta Islandia a bordo de una embarcación liviana llamada coracle. En el curso de uno de sus viajes a esta isla, entonces considerada como la antesala del Paraíso, una especie de «purgatorio moderno», divisa por primera vez, la capa de hielo que cubre el océano polar y los icebergs. Hacia el 527, esta vez acompañado por otros dos coracles, llega al parecer por primera vez hasta las Canarias, las islas de la Fortuna de los antiguos, luego toma rumbo hacia mar afuera. ¿Hasta dónde llega exactamente en este viaje? No sabríamos decir, ya que las diferentes fuentes tienden a confundir las peripecias de este viaje con las de la expedición siguiente, que fue de mucha mayor trascendencia.

Sin embargo, parece que después de haber viajado lentamente por el mar, los coracles deben enfrentar una terrible tormenta que hunde a dos de ellos con su tripulación y cargamento. Cuando vuelve la calma. Brandan y los sobrevivientes divisan desechos vegetales flotando en el agua que indican la proximidad de una tierra occidental. Demasiado afectados los marinos deciden sin embargo devolverse: el viaje no logra cumplir su objetivo.

RUMBO AL PARAÍSO

Unos quince años más tarde, probablemente en 544 - 545 (a la sazón Brandan ya tiene casi sesenta años y vive en Bretaña), el monje emprende una nueva expedición. Esta vez se embarca en un sólido navío de madera, un pontón, y después de hacer otra vez escala en las Canarias, se lanza a la conquista del Atlántico. Nuevamente, los textos relatan las dificultades de una larga travesía en alta mar y mencionan una tempestad. Luego los navegantes descubren, flotando en el agua hojas de palmera y extrañas cáscaras cubiertas de fibras, sin duda nueces de coco. Este detalle es muy importante, ya que los textos que lo citan datan de una época en que estos frutos todavía no se conocían en Europa. Unos días después, el barco llega finalmente a una gran isla tropical. La descripción de esta isla y la de la corriente marina que la rodea antes de internarse hacia el este hacen pensar que podría tratarse de Cuba. Brandan desembarca ahí y se establece por cierto tiempo, luego vuelve a Bretaña, a la que llega dos años después de su partida. Los textos afirman que ha pisado el suelo del Paraíso terrenal.



[1] La versión completa de este texto la puedes encontrar aquí: file:///C:/Users/ARNOLDO/Desktop/Los%20Grandes%20Enigmas%20-%20Larousse.pdf

 

Ser o no ser ¿Era Shakespeare un testaferro?

SER O NO SER[1]

 ¿Era Shakespeare un testaferro?

¿Puede admitirse que el hijo de un guantero, de origen plebeyo y casi analfabeto, sea el autor de una de las obras más admirables del patrimonio literario de la humanidad? Desde hace dos siglos, los sabios intentan dilucidar esta paternidad dudosa. De ninguna manera podemos negar la existencia histórica de un tal William Shakespeare, nacido en Stratford-upon-Avon en 1564. Fue comediante, administrador de una compañía de teatro... Sin embargo, lo poco que sabemos acerca de su vida nos hace dudar en identificarlo con el escritor.

UNA BIOGRAFÍA BASTANTE MISTERIOSA

Nadie sabe nada acerca del periodo entre 1585 y 1592, año en que aparecen las primeras menciones (por lo demás violentamente criticas) del Shakespeare dramaturgo. Sin embargo, su vida fue trastornada por completo, ya que descubre el teatro, escribe las primeras obras (Titus Andronicus, Richard III), y sobre todo abandona Stratford, pequeña ciudad de provincia, para instalarse en Londres. ¿Luego de qué peregrinaciones? Lo ignoramos, y al no tener pruebas, según el caso, lo imaginamos trabajando como maestro de escuela, formándose en la carrera de actor en una compañía ambulante, con viajes a Francia e Italia.

Shakespeare reaparece recién en 1594: es miembro de la compañía de teatro del lord charabelán. La compañía, puesta bajo la protección del rey Jacobo I Estuardo de Inglaterra en 1603, encabeza la vida teatral londinense hasta el incendio del teatro el Globo donde se presenta, en 1613. Pero ya hace tres años que Shakespeare se retiró a Stratford, donde administra sus tierras y sus rentas, preocupado únicamente por aumentar su fortuna hasta su muerte en 1616.

LAS TESIS ANTISTRATFORDIANAS

Desde fines del siglo XVIII, los eruditos piensan que existe una dicotomía decididamente demasiado grande entre un personaje histórico de tan poca monta y una obra tan genial. Se trata de las tesis llamadas "antistratfordianas", que afirman que Shakespeare sólo es el testaferro der verdadero autor de Hamlet y de Otelo.

En parte, nacen de interrogantes legítimas: ¿pertenecían estas obras al repertorio del actor Shakespeare? ¿Cómo pudo tener tan poca resonancia su obra entre sus contemporáneos, hasta el punto que la muerte de Shakespeare no se mencione en ningún documento oficial? Además se basan en el prejuicio que un hombre, a priori sin cultura y de baja extracción social, a pesar de todo, no puede ser un escritor inmenso. El punto de vista más antiguo y célebre atribuye la obra de Shakespeare al filósofo Francis Bacon (1561-1626). Este gran espíritu, importante pensador del Renacimiento, está estrechamente ligado a las intrigas de la corte isabelina. Ahora bien, la obra teatral de Shakespeare revela un dominio sorprendente de los mecanismos de la vida política inglesa de la época. Bacon, ligado primero a un favorito de Isabel I, el conde de Essex, alcanza las cumbres del estado luego del advenimiento de Jacobo I de Inglaterra.

Sin embargo, se adelantaron los nombres de muchos otros personajes de la vida pública isabelina. Así, el conde de Derby, muerto en 1642, cuyos múltiples viajes pueden asociarse al mareo y a la intriga de numerosas obras, como Penas de amores perdidos. La última versión de la teoría del testaferro atribuye la obra a otros autores de la misma época, como el poeta Christopher Marlowe, aunque ya muerto asesinado en 1593, o el dramaturgo Ben Johnson.

La tesis más común sigue siendo la de Bacon y es renovada en el siglo XX gracias a las técnicas de descifrado de criptogramas. Algunos trabajos mostrarían que en los textos de Francis Bacon, a partir de la caligrafía ligeramente distinta de algunas letras, se puede detectar una serie de indicaciones que componen mensajes secretos de este tipo: "Escribí diferentes tipos de obras, historia, comedia y tragedia. Gran cantidad de ellas han sido llevadas al teatro y bajo el nombre de Shakespeare han ganado un renombre duradero... Sin embargo este tipo de descifrado depende esencialmente del arbitrio y de la fantasía del que lo lleva a cabo. Con un poco de imaginación, es posible reconstituir cualquier mensaje a partir de un texto aparentemente normal. Además, en varias oportunidades los "baconianos" se descalificaron atribuyendo a sus héroes la paternidad no sólo de la obra de Shakespeare, sino también de toda la literatura inglesa de su época, de Kyd a Johnson, de Marlowe a Milton. Por querer probarlo todo, la credibilidad siempre se debilita.

 



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lunes, 15 de noviembre de 2021

El verdadero Drácula: Un príncipe rumano personifica al vampiro

EL VERDADERO DRÁCULA [1]

Un príncipe rumano personifica al vampiro

Desde fines del siglo XIX, con la aparición de la novela Drácula, de Bram Stoker el mito del vampiro se arraigó en la imaginación popular. La figura y el nombre de un antiguo y cruel jefe guerrero de los Balcanes vuelven a rondar las mentes: el príncipe Vlad Dracul.

La muerte y la sangre juegan un papel primordial en la imaginación de los hombres, luego no hay que sorprenderse del éxito que encuentra el tema del vampiro, muerto-vivo que vive eternamente chupando la sangre de sus víctimas. Por medio de la horrible criatura, se aborda también el sueño, aunque alterado, de una existencia infinita.

Una ficción...

Drácula relata el dramático enfrentamiento entre un grupo de personas, lideradas por el profesor Van Helsing, médico versado en las ciencias ocultas, y el despiadado vampiro de Transilvania, el conde Drácula.

La tradición vampírica ya se encuentra sólidamente establecida cuando se publica la novela en 1597: en la época romántica, Byron, Giovanni, Polidori evocaron a estos muertos que abandonan sus tumbas para atormentar a los vivos. Sin embargo, el origen de los vampiros se remonta aún más lejos; a las harpías de la Antigüedad conocidas por raptar hombres que jamás volvían a aparecer, a los monstruos sedientos de sangre de las leyendas medievales rusos, alemanes o rumanas. Lo novedoso de la novela de Stoker reside en su aspecto sexual, tanto en sus apetitos sádicos como mórbidos. También se encuentra en un cierto número de procedimientos que el autor, apasionado por la magia, imagina para espantar a los vampiros: la utilización del ajo u de la cruz y el hecho que los vampiros puedan entrar en una casa sin haber sido invitados, invenciones varias veces retomadas de ahí en adelante en la literatura y el cine.

Drácula, tal como lo describe Bram Stoker, es ante todo un personaje de ficción. No obstante, el escritor se inspiró, para crearlo, en un hombre que existió realmente, el siniestro Vlad IV, apodado Tepes, el Empalador.

...lnspirada en la realidad

En el siglo XV, uno de los príncipes de Valaquia, provincia bajo dominación turca, ubicada entre los Alpes de Transilvania y el Danubio, es conocido con el nombre de Vlad Dracul, este último término significa dragón, el emblema del rey. Cuando su hijo Vlad IV, nacido en 1430, lo sucede a la edad de veinticinco años, recibe el título de Drácula, es decir, hijo del dragón.

Desde su infancia, Vlad Tepes es confrontado con la violencia. Ve a su padre asesinado y su hermano mayor enterrado vivo. El mismo es retenido varios años en una fortaleza como rehén por los turcos. En efecto, el imperio Otomano se encuentra entonces en el apogeo de su poderío y se extiende hasta las fronteras de Hungría.

Vlad Tepes

Vlad Tepes, a pesar de su sombría personalidad, es aún considerado por muchos rumanos como un héroe nacional por haber intentado liberar las provincias rumanas de Valaquia, Moldavia y Transilvania del dominio del invasor turco, Él es uno de los jefes guerreros más temido por las tropas de ocupación del sultán Mehmed el Conquistador. Sin embargo, en 1462, es vencido y debe refugiarse en Hungría, donde es nuevamente tomado prisionero por razones políticas hasta 1473.

O Vlad el Empalador

El empalamiento, en una estaca de madera o hierro, es su método favorito para deshacerse de los prisioneros turcos o de sus opositores -de ahí su sobre-nombre. En el siglo XV, su crueldad es conocida y un grabado alemán de 1499 lo muestra festejando en medio de los cadáveres empalados. Se estima entre 50.000 y 100.000 el número de sus víctimas empaladas, quemadas o incluso desolladas vivas durante so corto reinado de una decena de años. Como sutil refinamiento, el príncipe a menudo manda engrasar o arromar la punta de las estacas para prolongar la agonía del ejecutado.

Su sadismo no conoce límites: crónicas locales cuentan que para castigar a unos emisarios turcos que no se descubrieron en su presencia, ordena que se les clave el fez en el cráneo. En otra ocasión, manda reunir a una gran cantidad de pobres y minusválidos en una amplia sala cerrada bajo el pretexto de invitarlos a un banquete y ordena prenderle fuego. De vuelta en 1476 en el trono de Valaquia, Vlad Drácula es asesinado dos meses después sin que se sepa exactamente quién organizó su caída: rivales locales o turcos. Es decapitado y su cabeza ensartada en la punta de una estaca. A principios de nuestro siglo, su presunta tumba es abierta y, para sorpresa general, se encuentra vacía. Así, la leyenda se reúne con el personaje mítico creado por Bram Stoker.

 

La Guerra de Troya

LA GUERRA DE TROYA [1]

UN CONFLICTO NO COMPROBADO

Obras de arte de la literatura occidental. La Ilíada y La Odisea describen sucesos que se habrían desarrollado en 1200 antes de Cristo, Sin embargo, desde hace un siglo, historiadores y arqueólogos se interrogan acerca de la realidad del célebre conflicto que opuso, según Homero, a griegos y tróvanos: la guerra de Troya.

París, hijo del rey de Troya, Príamo, está al origen del conflicto. Llamado a juzgar la belleza de las diosas del Olimpo, elige a Afrodita, divinidad del amor, que le promete la más bella mujer de Grecia, Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta, París conquista a Helena: ésta abandona su ciudad, su marido y su hija para seguirlo. Para vengar a su hermano burlado, Agamenón, el poderoso rey de Micenas, organiza una expedición destinada a destruir Troya.

EL RELATO HOMÉRICO

La Ilíada, el primer poema, empieza con el relato de la cólera de Aquiles, héroe griego (hijo de un mortal y de una diosa). La guerra de Troya continuó hasta cerca de nueve años, y Agamenón acaba de apoderarse de una prisionera, Briseida, recompensa de Aquiles. Este, furioso, se retira a su tienda y rehúsa volver al combate.  

No es sino a la muerte de Patroclo, su amigo más querido, muerto por el troyano Héctor, que vuelve a las armas para vengarlo. La Ilíada termina con la muerte de Héctor y los grandiosos funerales celebrados en honor de Patroclo por su amigo. El relato se organiza en una sucesión de cuadros que describen escenas de guerra. En La Odisea, historia del largo y difícil regreso de Ulises, rey de Itaca, a su patria, sabemos algo más acerca de los nueve primeros años de la guerra, y sobre todo, acerca del final del conflicto y el famoso episodio de! caballo de Troya. Los historiadores griegos del siglo V antes de Cristo, Heródoto, autor de las Historias y Tucídides, a quien debemos la Guerra del Peloponeso, aportan a la tradición homérica explicaciones históricas y políticas. Para el primero, los troyanos representan a los eternos enemigos de Grecia, es decir, a los persas o a los medos.

La guerra de Troya sería entonces, según el "Padre de la Historia", una primera guerra médica. El análisis de Tucídides es más político. Para él, el conflicto descrito por Homero simboliza la primera tentativa de unión de los griegos para lanzarse a una conquista, en suma, una primera forma de imperialismo helénico. Luego, la veracidad de los poemas no es puesta en duda por los antiguos: los sucesos que describen tienen, a sus ojos, una realidad histórica.

EL TESTIMONIO DE LA ARQUEOLOGÍA

¿Es esta realidad la de la Grecia micénica del siglo XIII antes de Cristo? Los descubrimientos arqueológicos no parecen confirmarlo. En el siglo XIX, el alemán Heinrich Schliemann, apasionado por la obra de Homero, empieza sus excavaciones en búsqueda del emplazamiento de Troya. No descubre sino una pequeña aldea, bautizada por los arqueólogos con él nombre de Troya VII según el orden de las capas arqueológicas. El yacimiento data de períodos anteriores a los de la supuesta guerra y los vestigios lo muestran tan pequeño y pobre que no se comprende por qué los griegos habrían levantado semejante ejército en su contra. Más aún, cuando las excavaciones efectuadas en Micenas, la ciudad del rey Agamenón, revelan, por el contrario, abundantes tesoros. Luego, la hipótesis de una incursión contra Troya con el objetivo de obtener un botín no puede sostenerse. En cambio, en 1953, un descubrimiento capital abre el camino a otra interpretación de la guerra. Ese año se descifra la escritura, bautizada lineal B. de las tablillas encontradas en las ruinas del palacio de Cnosos en Creta y en Pylos, en el Peloponeso, que muestran que se trata de la misma lengua: una forma primitiva de griego. Esto significa que existió realmente una expansión del poderío helénico. Así, la hipótesis de un rey de Micenas suficientemente poderoso para formar semejante coalición y conducirla tan lejos es históricamente fundada. Historiadores y arqueólogos se apasionan con el debate. Para algunos, Homero describió efectivamente la situación política del siglo XIII antes de Cristo. En cambio, según otros, los evidentes anacronismos contenidos en el texto épico corresponden a las condiciones de vida de la sociedad en la que vivía el aedo, es decir, al siglo VIII.

UNA EXPEDICIÓN PEQUEÑÍSIMA...

Lo seguro es que la Troya de Homero no tiene nada que ver con la pobre aldea descubierta sobre la costa turca. Además, la destrucción de la ciudad troyana no corresponde cronológicamente al período de grandeza de los palacios micénicos. Finalmente, los vestigios de éstos no se parecen a las descripciones que hace Homero. ¿Habría que concluir que los relatos homéricos no tienen ninguna realidad histórica y que la famosa guerra no existió? Un gran historiador, M. I. Finley hizo avanzar el debate en un sentido determinante.

En su obra El Mundo de Ulises, afirma que no es ni en el mundo micénico (siglo XIII) ni en el de las ciudades del período arcaico (siglos VIII-VI) donde hay que buscar la inspiración o el modelo homérico. La sociedad descrita en La Ilíada y La Odisea sería la de los tiempos oscuros de la historia griega, el período que separa la caída de Micenas del nacimiento de las ciudades-estado. Los investigadores de hoy van más lejos y distinguen tres niveles de lectura en los textos homéricos. Por una parte, se trata de una obra poética de ficción que escapa por esta razón a la interpretación histórica.

Por otra parte, el aedo se refiere efectivamente a tiempos míticos lejanos, los de la edad de oro del poderío micénico. Pero los detalles de la sociedad que describe, es este el tercer nivel de lectura posible, son en realidad los de su tiempo, Así, sí en verdad hubo una expedición helénica en Asia, seguramente no fue de la amplitud de la legendaria guerra de Troya: pero el alcance y la importancia del suceso fueron magnificados posteriormente. Quizás justamente, como lo decía Tucídides, porque esta empresa fue una acción en común de los griegos contra otro pueblo.



[1] La versión completa de este artículo se puede comprobar aquí: file:///C:/Users/ARNOLDO/Desktop/Los%20Grandes%20Enigmas%20-%20Larousse.pdf

EL LABERINTO DE CNOSOS

EL LABERINTO DE CNOSOS [1]

El origen impugnado de un mito

Construido por los amos de Creta a partir de 1700 antes de nuestra era, los edificios conocidos bajo el nombre de palacio de Cnosos, con sus innumerables piezas y corredores entrelazados, conforman ciertamente el laberinto que la leyenda atribuye al Minotauro. Pero, ¿qué es lo que encierra la leyenda del Minotauro? Y el "palacio", ¿lo era verdaderamente?

Hasta fines del siglo XIX no se sabía acerca de Creta antes de la colonización griega más que lo que sus escritores antiguos contaban. Los relatos giran en torno al Laberinto y comienzan con Dédalo, su supuesto arquitecto. Este, originario de Atenas, se vio forzado a exiliarse por haber dado muerte a su sobrina. Se refugió en Creta, donde el rey Minos, hijo de Zeus y de Europa, le pidió construir un edificio para encerrar en él al Minotauro, creatura mitad hombre, mitad toro, fruto de los amores entre la reina y un toro.

Dédalo diseña entonces el complejo laberinto cuya salida nadie puede encontrar. Por no haber complacido al rey, es encerrado allí junto a su hijo Ícaro y solamente pueden evadirse por los aires. Más tarde, cuando Minos vence a Atenas, la ciudad conquistada debe entregar en tributo siete varones jóvenes y siete doncellas cada año, las víctimas son encerradas en el Laberinto y sacrificadas al monstruo hasta el día en que el héroe Teseo mata al Minotauro. Gracias al hilo de Ariadna, hija de Minos, el vencedor puede salir sin dificultad de los inextricables corredores.

UN REDESCUBRIMIENTO

A partir de 1894, el arqueólogo sir Arthur Evans recorre la isla buscando huellas de este período olvidado. Bajo los restos griegos y romanos, encuentra numerosos testimonios de la civilización minoica.

A partir de 1900, Evans emprende las excavaciones en el palacio de Cnosos. Estas no tardan en dar frutos. Muy pronto, saca a luz una profusión de salas y de corredores que permiten aclarar las leyendas desde una nueva perspectiva: una arquitectura tan compleja es, sin duda alguna, el origen de los relatos mitológicos sobre el Laberinto. Además, se encuentran numerosos frescos y esculturas que representan toros. Pero, ¿por qué gozó de pronto el palacio de tan mala reputación? Quizás porque en realidad no se trataba de un palacio sino de un santuario, donde las víctimas eran inmoladas, o ¿de un lugar sagrado que servía de cementerio?

¿PALACIO REAL O GIGANTESCO MAUSOLEO?

En efecto, algunos arqueólogos cuestionan que este gigantesco edificio desenterrado de Cnosos fuese un palacio destinado a ser habitado. Destacan que el sitio escogido no es apropiado para un palacio: expuesto, difícil de defender, no está construido de acuerdo al espíritu de una época en la que griegos y piratas egeos efectuaban a menudo ataques en el Mediterráneo.

Además, existen pocas fuentes de agua en torno al palacio, por lo que el aprovisionamiento de agua para una gran población hubiese presentado problemas. Las salas que fueron denominadas al principio departamentos reales, debido a los objetos allí encontrados, son de hecho subterráneos húmedos, desprovistos de ventanas. Cuesta imaginarse que un soberano hubiese escogido deliberadamente instalarse allí. Por último, el palacio no posee ni cocinas ni caballerizas, lo que es inconcebible para un edificio de esta importancia.

Según el arqueólogo alemán Hans Georg Wunderlich, el palacio habría sido un inmenso mausoleo destinado a recibir a loa muertos y, con toda seguridad, no fue jamás habitado. Las grandes vasijas de tierra que habrían contenido supuestamente grano o aceite, son urnas en donde se habrían conservado los cadáveres en miel.

Asimismo, los silos de piedra son sarcófagos y las canalizaciones una instalación que permitía llevar los fluidos necesarios para embalsamar los cuerpos. Esta seductora teoría haría del mítico Minos una figura alegórica de la muerte evidentemente temible. Tal explicación se topa con un obstáculo importante: no se han encontrado restos humanos, ni cenizas ni esqueletos entre las ruinas del edificio. Pero las excavaciones prosiguen y Cnosos nos entregará quizás algún día todos sus secretos...



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Ulises y las sirenas

ULISES Y LAS SIRENAS[1]

 Un canto mortal venido del mar

Las sirenas son personajes mitológicos cuyo canto embrujador llevaba a los marinos a su perdición. Sus métodos de seducción variaban de un relato a otro, pero todas ejercían una atracción sin parangón sobre los navegantes. El primer testimonio acerca de la aparición de sirenas se remonta a La Odisea de Homero, que relata las aventuras tumultuosas del héroe griego Ulises, durante su largo viaje de regreso a Ítaca, después de la guerra de Troya: las sirenas de la época no son esos seres mitad mujer, mitad pez, que las leyendas más modernas retuvieron, sino unas aves con cabeza y pecho de mujer. Un canto melodioso e irresistible En la mitología griega, las sirenas viven en una isla del Mediterráneo.

UN CANTO MELODIOSO E IRRESISTIBLE

En la mitología griega, las sirenas viven en una isla del Mediterráneo. Su canto es tan bello que los marinos que las escuchan no pueden resistírseles y arrojan sus naves contra los arrecifes. Los sobrevivientes son asesinados sin piedad. Cuando Ulises abandona la morada de la hechicera Circe, sabe que debe pasar cerca de la isla de las sirenas. Siguiendo los consejos de la hechicera, el astuto héroe recurre a una estratagema que le permitiría oír y no obstante salvar la nave y a sus compañeros. Tapa los oídos de sus hombres con cera después de haberles pedido ser sólidamente atado al mástil. Así podrá saciar su curiosidad escuchando el canto de las sirenas, sin ceder a su encantamiento.

Este canto se revela melodioso y desgarrador y está colmado de bellas promesas. Ulises les grita a sus compañeros que lo desaten, pero por supuesto éstos permanecen sordos a sus gritos. Finalmente, el barco pasa y los héroes escapan al funesto destino de tantos otros marinos.

Sin embargo, Ulises no es el único en enfrentar a las sirenas. El poeta mítico Orfeo, que acompaña a Jasón en su búsqueda del vellocino de oro, logra también resistir a su fatal encanto. En el instante en que Jasón y sus hombres, los argonautas, atraídos por las melodiosas voces, cambian de rumbo y se dirigen peligrosamente hacia los arrecifes de la isla, Orfeo toma su lira y entona un canto tan sublime que cubre las melopeas de las sirenas y salva a los marinos arrancándolos de su mortal contemplación.

¿QUIÉNES SON LAS SIRENAS?

Las sirenas de la época homérica son tres hermanas, hijas del dios río Aquelaos y de la musa de la poesía Calíope. Lidia toca la flauta. Parteriopea, la lira y Leucosea lee los textos y los cantos. Antiguas compañeras de Perséfone, hija de Zeus y de Deméter, raptada por Hades, el dios de los Infiernos, pidieron a los dioses que les otorgaran alas para poder salvar a la joven y traerla de vuelta sobre la Tierra. Según otra versión, le deben su apariencia a Deméter, que quiso castigarlas por haber sido negligentes en el cuidado de su hija. Su nombre proviene del término latino sirén, que a su vez proviene del griego seirén, de la palabra seiro, lazo, cuerda, recordando sin duda el poder cautivador de las sirenas.

 

MUJERES-PÁJARO, LUEGO MUJERES-PEZ

La apariencia física de las sirenas evolucionó. En la época griega, eran representadas como seres alados con cara humana y cuerpo de ave como lo prueban diferentes vasijas griegas antiguas. Su transformación en creaturas mitad mujer, mitad pez, con la parte inferior recubierta de escamas, se remonta aparentemente a la Edad Media y a las leyendas celtas y germánicas. Pero, ya bajo el Imperio romano, se les confunde con las Nereidas, las cincuenta hijas de Nereo, dios marino, y de Doris, descendiente del Titán Océano. Estas bellas Nereidas son las ninfas del mar y por lo tanto no es sorprendente que se las haya asemejado a las sirenas, también figuras marinas... Como sea, esta leyenda, nacida de la mitología griega y transmitirla a través de los siglos, permanece por largo tiempo vivaz y continua asediando la imaginación de los navegantes del mundo entero.



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sábado, 13 de noviembre de 2021

¿EXISTIÓ HOMERO?

¿EXISTIÓ HOMERO? [1]

UN MONUMENTO LITERARIO SIN AUTOR SEGURO

La Ilíada y La Odisea, dos poemas que forman el más antiguo y el más conocido de los textos clásicos. Sin embargo, ¿quién es el autor? La tradición nos describe a un viejo narrador ciego cantando sus versos en las plazas públicas; los historiadores, por su parte,  piensan en una obra colectiva, forjada a través de los años.

Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves, cumplíase la voluntad de Zeus, desde que se separaron disputando el Átrida, rey de hombres, y el divino Aquiles.

 

Con estas líneas comienza La Ilíada el primero de los dos poemas atribuidos a Homero. Relata en veinticuatro cantos versificados, la guerra de Troya, provocada por el rapto de Helena, esposa del rey Menelao. Los griegos sitian Troya. Aquiles combate para vengar a su amigo Patroclo, muerto por el troyano Héctor. El segundo poema homérico, La Odisea, tiene por héroe a Ulises, rey de Ítaca, personaje secundario en La Ilíada. De regreso de Troya, Ulises se extravía en medio de tempestades y, durante diez años, recorre el Mediterráneo, enfrentando monstruos y hechiceros.

El primero de los clásicos Durante el siglo VII antes de Cristo, aedos, poetas y bardos recorren Grecia cantando las dos nuevas epopeyas. Por todas partes sus relatos obtienen un éxito resonante y son pronto conocidos por todos.

En el siglo VI, Atenas es la primera en organizar una lectura pública integral. Además de sus cualidades literarias, expresan la unidad cultural griega: constituyen de alguna manera el símbolo de una civilización, En el siglo IV, el conquistador Alejandro Magno tiene siempre consigo un ejemplar de La Ilíada y La Odisea, donde quiera que sus campañas lo lleven. Por supuesto, los dos poemas fueron ampliamente copiados y difundidos. Así, se conservan actualmente varios centenares de versiones de La Ilíada, cada una ligeramente diferente, hasta que el texto fuera depurado en la época alejandrina.

¿CÓMO FECHAR LA OBRA?

La sucesión de intervenciones de los diferentes copistas no facilita ciertamente en nada este trabajo. La tradición hizo por largo tiempo de Homero un hombre del siglo X ó IX. Sin embargo, las primeras lecturas reconocidas de sus dos poemas tuvieron lugar recién durante el siglo VII. El alemán Schadewaldt sitúa la gestación de las dos obras durante La segunda mitad del siglo VIII, precisamente en los alrededores del 720 a. c.  Algunos datos arqueológicos parecen confirmar esta fecha. Efectivamente, Homero, que narra hechos que se desarrollaron supuestamente en la época micénica, comete numerosos anacronismos. Así, los jarrones fenicios que describe son del siglo VIII. Sucede lo mismo con todos los demás objetos de la vida cotidiana.

Sin embargo, los anacronismos no significan que la obra sea una mera ficción, ni que un solo hombre -Homero- la haya creado de golpe. Una tradición oral pudo haberse mantenido, los relatos que narraban los hechos de la guerra de Troya pasaban de boca en boca, luego esta tradición fue puesta por escrito, en el siglo VIII, gracias a la reciente invención de la escritura en Grecia.

¿UN POETA O DOS?

Hasta el siglo XVII, nadie dudaba de la existencia histórica de Hornero. La tradición lo ve nacer en Colofón. A menos que haya sido en Quío, Esmirna, Eos o Cymera,.. Varias ciudades se disputan el honor de haber sido su patria. La misma tradición quiere que haya sido ciego y haya vivido durante el siglo X o IX a.C.

Sin embargo, en 1670, en sus Conjeturas Académicas, el abad de Auhignac denuncia las incoherencias de los poemas homéricos. Por primera vez pone en duda la existencia de un autor único, pero sus afirmaciones no recogen ningún eco. No obstante, un siglo más tarde, en 1795, el erudito alemán Friedrich-August Wolf publica una obra, Prolegomena ad Homerum, donde plantea las mismas interrogantes. Nos encontramos entonces en el siglo de las Luces, el espíritu crítico hacia los clásicos se ha desarrollado y pronto se abre el debate: ¿no se esconderán varios autores anónimos detrás de un seudónimo colectivo?

La composición de los dos poemas es analizada. La Ilíada es una obra acabada, irreprochable en su composición. La Odisea parece, en comparación, más desordenada y falta de unidad. Grandes diferencias de fondo y de espíritu separan los dos textos. La Ilíada es un relato épico, su autor posee una visión grandiosa cósmica, los dioses son omnipresentes. Utiliza esquemas fijos en la estructura de ciertas escenas, como los combates y los encuentros. Se acerca a la tradición oral de los aedos: antiguas epopeyas y poesías genealógicas.

En cambio, el autor de la Odisea aprecia los temas fantásticos: monstruos, hechiceras, magos y sirenas. Los dioses, por el contrario, están casi ausentes. Incluso Atenea, que protege a Ulises durante La Ilíada, no se aventura con él en el Mediterráneo occidental; ésta no reaparece sino durante el regreso a Itaca. La Odisea da gran importancia a las escenas de la vida cotidiana, en búsqueda de la paz y la dulzura de vivir. No se encuentra el espíritu guerrero que marca a La Ilíada. Actualmente, se admite que el autor de La Ilíada no es, sin duda, el de La Odisea. El análisis del lenguaje, así como de la visión poética, revela dos caracteres diferentes. El autor de La Ilíada vivió seguramente durante el siglo VIII; mientras que el de La Odisea lo hizo más bien en el siglo VII: las características de su poema revelan a un griego abierto a la navegación y al descubrimiento del Mediterráneo.

Tiene una nueva visión del rol de los dioses que ya no son "superhombres" omnipresentes. Los defectos de estructura y la falta de unidad de La Odisea permiten pensar que el texto es obra de diferentes narradores, la adaptación de varios relatos de tradición oral reunidos por un hábil redactor.

 

 

 

 

 



[1] El presente artículo está tomado, en su totalidad, del siguiente enlace, y puede ser consultado aquí: http://www.librosmaravillosos.com/losgrandesenigmas/pdf/Los%20Grandes%20Enigmas%20-%20Larousse.pdf