viernes, 14 de mayo de 2021

TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN Y LA COMUNICACIÓN APLICADAS A LA EDUCACIÓN EN CIENCIAS.

 TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN Y LA COMUNICACIÓN APLICADAS A LA EDUCACIÓN EN CIENCIAS.

En los tiempos anteriores a la pandemia ocasionada en nuestro planeta por el coronavirus, los medios de comunicación y los medios tecnológicos estaban ganando cierta relevancia en el momento de las interacciones sociales por medio del internet, y parecía que muchas cosas o tramites que muy anteriormente eran necesariamente presenciales ahora han quedado relegados a la virtualidad en busca de una comodidad y agilidad al momento de realizarlos. En ese sentido, se creó en nuestro país el ministerio para las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) como una manera de actualizarse ante los evidentes cambios tecnológicos que se iban dando, y que se siguen dando, en todos los rincones de nuestra casa común. Con la aparición repentina e imprevista de la pandemia, todos hemos tenido que recluirnos en nuestras casas y la educación de muchos de nuestros colegios y universidades se vio relegada, muy forzosamente, a la virtualidad. Estamos viendo la utilidad de las herramientas virtuales en un momento como este en que no podemos reunirnos muchas personas en un mismo sitio por temor a contagiarnos de un virus que es potencialmente mortal y, por lo tanto, muchas cosas se realizan desde nuestro hogar y ha habido en ese sentido una rápida adaptación ante una situación muy imprevista. Todos alabamos y recomendamos los alicientes que tiene la educación de este tipo, pero la verdad es que nos encontramos muy lejos como país de lograr implementar los ambientes virtuales de aprendizaje en todos los rincones del mismo. Durante los primeros meses de pandemia hemos descubierto que en nuestro país el problema no es solamente la virtualidad porque para nadie es un secreto que hay muchas zonas de nuestra nación que no poseen ni todas las herramientas ni todas las posibilidades de acceso al internet para que este tipo de educación sea una alternativa en tiempos donde las aglomeraciones se evitan por prevención de contagios de coronavirus. Pero la cruda realidad es que la educación virtual, que es el objetivo primario de las TIC, no es algo que fuera una opción para muchas personas con muy bajos recursos en nuestro país porque no cuentan con ninguno de los recursos tecnológicos necesarios para algo así. En otras palabras, estamos ante una situación muy ridícula porque el gobierno está promocionando y loando las cualidades de algo que en realidad no existe en el país como lo es una calidad justa del derecho a la educación empezando por la educación virtual porque, si antes de la pandemia antes de la pandemia la educación presencial y virtual estaban desmejoradas, ahora en plena pandemia la situación no ha cambiado mucho que digamos sino que amenaza con empeorar debido a las arbitrarias reformas que se le pretende hacer al sistema educativo. En conclusión, podemos decir que el ministerio de las TIC es meramente una fachada que esconde algo muy distinto a lo que pretende representar dado que no ha cumplido de manera eficaz, evidente y verídica el propósito para el cual se pensó. Anochecerá y veremos si algún día la calidad de la educación, tanto virtual como presencial, mejora para que podamos construir una autentica sociedad colombiana donde se creen ciudadanos capaces de encarar los retos y desafíos que puedan plantear los tiempos venideros. 

TECNOLOGÍA Y FILOSOFÍA: MÁS ALLÁ DE LOS PREJUICIOS EPISTEMOLÓGICOS Y HUMANISTAS.

 TECNOLOGÍA Y FILOSOFÍA: MÁS ALLÁ DE LOS PREJUICIOS EPISTEMOLÓGICOS Y HUMANISTAS.


Este texto es otro diáfano ejemplo de la notoria influencia que sigue teniendo, y que nunca de tener, por supuesto, la antigua filosofía griega. Esta fue la piedra angular y el soporte principal por el cual la cultura europea se edificó en la edad media gracias a la introducción del cuerpo aristotélico por los estudios y traducciones realizados por santo Tomás de Aquino, gracias al cual se dio una expansión de la filosofía griega en un ambiente dominado exclusivamente por la filosofía platónica y neoplatónica. En ese sentido, cabe mencionar que, en cuestiones de tecnología, Aristóteles es el que inicia el camino que ha recorrido la tecnología desde la antigüedad hasta el día de hoy cuando mencionó que la techné es «la capacidad de producir objetos materiales conforme con un logos verdadero. Con el auge de la tecnología actual podemos ver que el concepto de tecnología que propuso el estagirita no ha cambiado en lo más mínimo, pues la técnica contemporánea, lejos de perder la capacidad de producir objetos materiales, lo que ha hecho es aumentar esa capacidad  pues vemos los dispositivos que solemos utilizar de manera cotidiana continuamente evolucionan trayendo, cada vez más, nuevas mejoras para deleite de los consumidores, ya sean estos niños, adolescentes y/o adultos, algunos de los cuales recurren a la tecnología como extranjeros digitales.

Como podemos constatar en nuestros días, la tecnología es algo que no deja de avanzar y que cada día pretende proporcionar al ser humano contemporáneo nuevas facilidades y formas de ocio, pero vemos que está lejos de su objetivo logrando exactamente lo contrario, pues el ser humano se ve inmerso cada vez más en ellos al estar pendiente de sus redes sociales o de recurrir a ciertas aplicaciones para recibir clases virtuales al estar impedido de reunirse en los lugares propios del proceso educativo como son los colegios y las universidades y otra clase de corporaciones que tienen alguna índole educativa. Sin embargo, no se está diciendo que la tecnología sea mala por sí misma sino que el ser humano es el que tiene que saber utilizarla, saberla usar para su verdadero provecho y saber hacer y sacar de ella su verdadera ventaja para perfeccionamiento como criatura perteneciente a la naturaleza. En estos tiempos de pandemia, nos hemos dado cuenta del aliado que representa la tecnología y la educación virtual, a pesar de que esta última siempre fue menoscabada en los tiempos de la presencialidad y, cuando termine esta situación de la pandemia, veremos y le daremos un mejor y más proporcionado lugar a la tecnología y a la educación virtual como tabla de salvación en momentos como estos en los que no podemos acudir a las instalaciones de nuestros centros educativos correspondientes.   

martes, 11 de mayo de 2021

Alteridad y reconocimiento del otro.

 Alteridad y reconocimiento del otro.

¿Qué es el lugar desde el punto de vista sociológico?

El sociólogo portugués Boaventura aborda el lugar r retomando, de manera crítica y creativa, el viejo planteamiento de la retórica aristotélica de los topoi, para elaborar una hermenéutica diatópica como método para el diálogo intercultural. Su propuesta interesa por dos razones específicas que se desarrollan puntualmente, sin entrar en el conjunto de la sociología de De Sousa Santos.

Primero, plantea el concepto de lugar, no desde los enfoques geográficos o materiales-territoriales, psico-ambientales y fenomenológicos, como es el análisis de John Agnew; tampoco desde la teoría sociológica de la producción social de Henri Lefebvre (ambos citados por Oslender 2008); mucho menos desde la analítica de los espacios del capitalismo global de David Harley (Oslender 2008; Páramo 2011).

Por otro lado, dichos universos de significados están hechos, según el sociólogo portugués, de topoi, que constituyen “lugares comunes retóricos ampliamente extendidos de una determinada cultura, autoevidentes, y que, por lo tanto, no son objeto de debate” (Santos 2014, 74). Lugares que, sin embargo, se vuelven vulnerables e incluso problemáticos cuando entran en contacto y en contraste con otras culturas. El establecimiento del diálogo entre los topoi, entendidos como valores, concepciones, saberes y todas aquellas prácticas de significados constitutivas de cualquier cultura (abierta y consciente de su incompletitud), constituye una de las principales finalidades de esta hermenéutica de Boaventura de Sousa Santos.

Esta concepción de los topoi del autor portugués tiene un inconfundible origen aristotélico que ha impregnado la clásica definición de lugar. Aristóteles, en su Retórica (1998), define los topoi como líneas de razonamientos con base en las cuales el orador (acusador o acusado en una batalla legal) o ciudadano (en una batalla política en la Asamblea o Ágora) fundamenta su argumentación para convencer a los oyentes. Los topoi aristotélicos constituyen unos recursos discursivos que permiten argumentar en una exposición, es decir, presentar los hechos como verdaderos o probables para persuadir a los oyentes. El filósofo griego ofrece varios casos de topoi que fueron utilizados en la historia griega. Un ejemplo dado por el pensador es: “si la guerra es el motivo de las actuales desgracias, es necesario hacer la paz para que se arreglen” (Aristóteles 1998, 209). Los topoi eran en la polis griega herramientas retóricas con fines políticos y jurídicos, tal como lo evidencian Aristóteles y algunos autores contemporáneos (Mas Torres 2003).

Todo lo anterior nos ayuda a inferir que el concepto de lugar ha ido cambiado poco a poco en el decurso de los siglo conservando, sin embargo, la influencia aristotélica original, aplicándose a contextos culturales y adaptándose a las circunstancias y retos particulares de nuestros días, de nuestro siglo XXI

 

 

El reciente surgimiento de gobiernos totalitarios a medida que terminaba el siglo XX y a medida que avanza el siglo XXI, ha traído consigo el florecimiento de muchas realidades adversas que han ocasionado el desgaste y la progresiva desaparición de muchos tejidos sociales que, con su diversidad, enriquecían a las distintas sociedades que constituían y de las que hacían parte. un ejemplo muy evidente de lo mencionado es el continuo flujo de inmigrantes que se da desde países que se encuentran en crisis económica, política, social y humanitaria hacia países que, aparentemente, han logrado superar o evitar todo este tipo de crisis debido a la transparencia de sus gobiernos. Muchos inmigrantes de esas sociedades se han visto en la penosa y difícil tarea o éxodo que implica dejarlo todo y desinstalarse de sus lugares de origen y buscar, muchas veces después de recorrer grandes distancias, nuevos horizontes para sus vidas y lugares estables donde instalarse y empezar una nueva vida con las personas que los acompañan en su azaroso camino. Tal es el caso, para mencionar una realidad muy cruda y al mismo tiempo cercana, de los inmigrantes venezolanos que se han visto obligados a dejar su tierra de origen y buscar nuevos caminos no solamente en Colombia sino también en otros países de Suramérica y de las demás américas luego de que su país, por la incompetencia e ineficacia de sus gobernantes (o más precisamente de la corrupción de los mismos) ha llevado a un país al colapso total de sus instituciones en todos los ámbitos de la sociedad civil al punto de hacer insostenibles las vidas de sus mismos ciudadanos que han tenido que irse a otras latitudes para buscar un futuro mejor para los suyos. Sin embargo, pese a lo crudo de esta situación, esta situación de la inmigración de personas de un país a otro no es algo nuevo. Hemos de recordar que, gracias a la gran crisis ocasionada por la primera guerra mundial, muchos europeos (españoles, italianos y alemanes) dejaron sus tierras para buscar nuevos horizontes en américa, especialmente en el cono sur, y empezaron a mezclarse con la cultura americana que ya se había establecido en el continente desde las primeras décadas después de la independencia con respecto al dominio español. En estas dos situaciones, distantes entre sí por el tiempo, pero iguales en sus causas y sus posteriores consecuencias, vemos que la situación continental y nacional de un país siempre repercute en las decisiones que tome una colectividad al momento de buscar una nueva ruta para su subsistencia en medio de las diversas circunstancias que la misma tenga que afrontar. Algo que también ha sucedido, y que ha perdido relevancia en el reporte de los noticieros diarios, es el continuo flujo de inmigrantes desde el continente africano hacia las costas de la Europa insular y continental mediterránea en busca de mejores condiciones para sus vidas y también el continuo flujo de inmigrantes mexicanos y americanos insulares hacia el sur y el suroeste de los estados unidos persiguiendo el mismo cometido: una mejoría en sus condiciones de vida para sí mismos y para los que los acompañan en esos viajes, que muy a menudo son muy peligrosos y que muchas veces no se pueden realizar sin perder la vida en el proceso y, aun así, estas fatales estadísticas no hacen que los gobiernos de una y otra parte no busquen soluciones mancomunadas hacia este tipo de situaciones. Sin embargo, también es cierto que muchos de esos gobiernos no están ni capacitados ni dispuestos a solucionar estas desavenencias porque los ocupan otras situaciones, que por lo general son cuestiones políticas, para que estas situaciones se terminen o para llevarlas a una conveniente solución.               

Otro detonante de toda esta situación anómala que amenaza el sano pluralismo existente en las diversas regiones del globo terrestre es el fundamentalismo religioso que ataca a todas aquellas sociedades, instituciones, grupos e individuos que no comulguen con las ideas de los dominadores atacándolos y acabando con todo aquello que diverja de las ideas que los dominadores quieren imponer al resto de los individuos que conforman estas sociedades. Por momentos he llegado a pensar que hemos llegado a un retroceso anacrónico poniendo de moda nuevamente un fenómeno que sucedía mucho en la tardía edad antigua y en toda la extensión de la edad media: la intolerancia hacia aquel individuo que tuviera unos valores o creencias religiosas distintas a la mía y que, por lo tanto, debía ser evangelizado o aniquilado porque sencillamente no existía aquella apertura que da lugar a la tolerancia y al respeto necesarios que dan origen a la diversidad y a la riqueza de una sociedad pluralista. Por un momento llegué a pensar que se había olvidado la declaración de los derechos humanos de 1948 en la que se establecía como derecho intrínsecamente humano la libertad de las creencias de cada quien. En la experiencia de muchos países hemos descubierto lo efímero y poco estables que resultan estos sistemas totalitarios porque siempre el poder de las decisiones recae en una sola persona y sabemos que “quien mucho abarca, poco aprieta”. Volviendo al tema de las intolerancias contra las personas que profesan una fe distinta a la musulmana, hay que mencionar algunos hechos que lograron llamar la atención del mundo por las zonas en que estos se dieron. Hay que mencionar, por ejemplo, el atentado sucedido el 15 de noviembre de 2015 en parís, que dejó decenas de personas muertas contra denigrantes de las ideas musulmanas y que, en el fuego cruzado, mataron a civiles que no tenían nada que ver con disputas sobre la fe; de hecho, lo que este grupo buscaba era la aniquilación completa de cualquier minoría divergente. No justifico el ataque de los musulmanes ni tampoco la intolerancia manifestada por ellos sino que busco condenar y reprobar estas atrocidades porque van en contra de la dignidad y de la libertad de las personas como seres integrantes de una sociedad. 

Entre otros acontecimientos de esta misma índole podemos mencionar los continuos ataques y persecuciones que padecieron las minorías religiosas de estos países por culpa de los hostigamientos de los grupos islámicos. Estos asedios tomaron la forma de ataques a templos y lugares de culto cristianos que quedaron arrasados y desaparecidos en su totalidad durante 2016 y casi hasta finales de 2017 cuando el ejército sirio había recuperado por completo las ciudades que el estado islámico había logrado conquistar en su pasajero y tiránico dominio en las tierras sirias. La conclusión que podemos sacar de todo esto es que, como en la edad media, la igualdad y el respeto tiene como precio la guerra y el poderío militar que una nación pueda adquirir sobre otra. Entonces, la pregunta es: ¿realmente el hombre ha logrado convertirse en un ser civilizado capaz de evitar el peor conflicto de todos que es la guerra o solamente está buscando y esperando una oportunidad para ocasionar otro conflicto de características o proporciones similares a los que se vivieron en el pasado siglo XX? Anochecerá y veremos qué sucede, esperando siempre que suceda lo mejor para el ser humano de estos tiempos.

sábado, 1 de mayo de 2021

Muerte: el poco éxito del exitus.

 Muerte: el poco éxito del “exitus”[1]

El año 2020, sin saber si quiera que nos equivocaríamos grandísimamente, estaba destinado a ser un año más como cualquiera de los otros que nos han precedido en el decurso del siglo XXI y, por ende, un año más dentro del montón. Sin embargo, todo empezó a cambiar cuando, de repente, un virus de origen todavía incierto, apareció en la lejana de tierra de Wuhan, en china a finales del año 2019. En ese momento, no teníamos ni la menor idea de lo peligroso y lo letal que era ese virus, pero con el comienzo del 2020 este nuevo agente infeccioso empezó a ganar relevancia a medida que iba esparciéndose en diversas latitudes a lo largo del globo terráqueo, causando mortandad de personas de todas las edades; cientos y cientos de miles de personas se reportaban como muertas y hospitalizadas de gravedad por el contagio de esta nueva enfermedad en las unidades de cuidado intensivo en todas ciudades del mundo, paulatinamente los comercios, las agencias turísticas, muchas personas (todos aquellos que no pudieron adaptarse al teletrabajo) perdieron sus empleos, muchas pequeñas empresas y negocios nacientes cayeron en la ruina y la desesperación ante una situación económica gravemente desmejorada de improviso, las playas y todos los comercios no esenciales empezaron a cerrarse debido a la grave situación a la que nos ha abocado este fenómeno, que es conocido como una pandemia. Pandemia hace referencia a una epidemia a muy grande escala en que se ve amenazada con la muerte la vida de muchísimas personas de una amplia región del mundo (o, en este caso, de todo el mundo) y de las subsiguientes repercusiones que, en mayor o menor plazo, deja a nivel local, regional, sanitario, económico y social con consecuencias, en algunos casos, difíciles de superar. Actualmente, y luego de unas cuantas investigaciones pertinentes al respecto, China dice, con mucho descaro, que deberíamos buscar el origen del virus en los Estados Unidos, pero para nadie es un secreto que este virus pudo originarse en un laboratorio como un arma biológica salida de control por parte de sus presuntos creadores o que surgiera producto de  la mordida de un murciélago (en cuyo caso tendríamos que culpar a Batman) a otro animal y que pasara de ahí al paciente 0, que es el origen de la pandemia.    

Aparentemente, 2020 sería un año más como cualquier otro, pero de un momento a otro todo cambió y nos obligó a mirar la vida desde una perspectiva muy distinta de la que ya estábamos a mirarla y, sorpresivamente, tuvimos que encerrarnos todos en nuestras casas, llenándonos de ansiedad en el proceso. Si salimos o entramos a algún lado, entonces tenemos que lavarnos las manos y usar tapabocas para evitar cualquier riesgo de contagio de coronavirus, debemos dejar nuestro calzado en la puerta de nuestras casas, no podemos (o no debemos) tener un contacto físico cercano con las personas que solemos ver a diario y muchas de nuestras actividades son realizadas de una manera distinta de como solíamos realizarlas. Nos encontramos ya empezando nuestro mes de mayo de 2021, 17 meses del inicio de la pandemia, y aun no sabemos a ciencia cierta cómo se originó este enemigo invisible del coronavirus, pero cuyas consecuencias devastadoras las hemos podido constatar en diversos países de todo el mundo como Italia, y España y de ahí al resto de la Europa continental e insular (donde, como si no fuese suficientemente mala la situación, se originó una de las variantes del virus, que es más contagiosa, pero menos mortal según dicen los expertos) en los cuatro primeros meses del año. Luego, a finales del mes de febrero del año pasado, llegaba a Brasil y de ahí llegó a nuestro país y los casos empezaron a multiplicarse y a ser autóctonos desde el 6 de marzo del año pasado. Las ciudades que más se han visto afectadas por esta pandemia han sido Bogotá, Medellín (en cuyo departamento, Antioquia, ya no dan abasto los hornos crematorios por tantos muertos) y Cali, donde las unidades de cuidados intensivos se han visto desbordadas ante el creciente número de casos que requieren hospitalización. Aquí podemos darnos cuenta que depende de nosotros cambiar esta situación porque el coronavirus no es un monstruo Frankenstein  que no podamos vencer sino que está en nuestras manos terminar si ponemos de nuestra parte para superar la pandemia, pero necesitamos mucha conciencia ciudadana para que podamos salir airosos de una contingencia como esta, una contingencia que nadie vio venir y de la cual no vemos todavía el final. Sin embargo, todo lo que empieza tiene un final y algún día no lejano veremos la luz al final del túnel y todo volverá a ser como antes (o incluso mejor, si hemos aprendido y tenido en cuenta todas las lecciones que nos enseña esta pandemia hoy); y por supuesto que queremos que termine toda esta situación anómala lo antes posible, pero lo importante es que aprendamos y apliquemos a toda nuestra vida las lecciones que nos dejan estos tiempos adversos para ser más humanos y más solidarios los unos con los otros. Sólo entonces podremos decir que esta pandemia nos cambió para bien y que pudimos salir más humanos de todo esto. Esperemos que tantas muertes y contagios terminen cuanto antes y que todo pueda volver, de una vez por todas, a la normalidad.     


jueves, 11 de febrero de 2021

¿CÓMO FUNCIONA LA ZONA HABITABLE DE LAS ESTRELLAS Y LOS PLANETAS ALIENÍGENAS?

¿CÓMO FUNCIONA LA ZONA HABITABLE DE LAS ESTRELLAS Y LOS PLANETAS ALIENÍGENAS? [1]

Por Karl Tate. Diciembre 11, 2013

Astrónomos han reexaminado las posibilidades para las “zonas habitables” o “zonas doradas” rodeando a las estrellas alienígenas. Los investigadores han encontrado que los planetas habitables pueden existir en orbitas más cercanas a su estrella paterna de lo que previamente se creía, pues la energía solar requería empezar un efecto invernadero más alto de lo que se creía.     

Demasiado cerca de una estrella, de otra manera un planeta agradable desarrolla un fugitivo efecto invernadero, un bucle de retroalimentación que lleva a temperaturas extremadamente altas en la superficie. Los océanos arden, convirtiéndose en gruesas nubes de vapor en la atmosfera. La gruesa atmosfera atrapa el calor solar en la superficie del planeta.

El efecto invernadero atrapa rayos infrarrojos (calor) del sol en la atmosfera, elevando las temperaturas de la superficie. A pesar de tener una talla similar a la de la tierra, el planeta venus es enteramente inhabitable debido a su intenso efecto invernadero.

Con el tiempo, el brillo de la superficie del sol incrementa, haciendo retroceder el límite interior de la zona habitable. Actualmente, el límite interior es el 95% de la distancia del sol a la tierra. En un billón de años, la tierra podría desarrollar un intenso efecto invernadero como el de Venus. 


[1] Este artículo es una traducción directa del original en inglés, que puedes encontrar aquí: https://www.space.com/23910-habitable-zones-alien-planets-stars-infographic.html

sábado, 30 de enero de 2021

Encontrando los límites de la zona habitable

Encontrando los límites de la zona habitable [1]

 

Antecedentes

El número de exoplanetas confirmados es arriba de 648. Pero, ¿Cuántos de esos planetas pueden albergar vida? estimamos que cuales exoplanetas podrían sostener vida haciendo la asunción de que la vida requiere la presencia de agua líquida. La zona habitable de una estrella describe el rango de las distancias a la estrella en la que un planeta podría orbitar y todavía tener superficie de agua líquida. Si el planeta está demasiado cerca de su estrella, el agua se pierde debido a las altas temperaturas. Si el planeta está demasiado lejos, las temperaturas son tan bajas que el agua se congela. Hemos hablado mucho sobre la zona habitable aquí en este sitio, incluyendo la zona habitable alrededor de estrellas binarias y enanas blancas y marrones, y la habitabilidad de los planetas vagos.

Si estamos buscando vida extraterrestre, el siguiente paso es determinar cuántos de los exoplanetas actualmente conocidos orbitan en la zona habitable de sus estrellas. Pero, ¿Dónde exactamente esta la zona habitable de una estrella en concreto? Lo más actual estima los límites de la zona habitable y Kasting (1993) y otros usan un modelo climatológico planetario. En este papel, algunos de los autores originales del papel de Kasting se unen con nuevos investigadores para mejorar el modelo y encontrar nuevos límites de la zona habitable en nuestro sistema solar y alrededor de otras estrellas. Estas mejoras estiman que los límites de la zona habitable nos permitirán determinar cuáles de los exoplanetas conocidos orbitan en la zona habitable de sus estrellas, lo cual enangosta la lista de cuales planetas deberíamos observar más cuidadosa y cercanamente por señales de vida.

Encontrando los límites de la zona habitable

La zona habitable es tradicionalmente definida para un planeta como la tierra con una atmósfera rica en dióxido de carbono, agua y nitrógeno. En el modelo 1-D descrito en este papel, el modelo de la atmosfera está dividido en 101 capas verticales. El modelo calcula el flujo para reproducir una temperatura superficial determinada en una radiante transferencia dentro de la atmosfera. El modelo de planetas con atmosferas ricas en CO2 es usado para estudiar el límite exterior de la zona habitable. Estos planetas pueden mantener sus superficies calientes más allá de las estrellas debido al efecto invernadero, pero eventualmente el CO2 se condensará  fuera de la atmósfera, lo cual bloqueará la luz de la estrella y enfriará la superficie. Los modelos de planetas con atmósferas ricas en H2O son usados para estudiar el límite interior de la zona habitable. En altas temperaturas, mucho del agua existe en la atmósfera, donde se pierde cuando fotones entrantes evaporan las moléculas de H2O (vía fotolisis) permitiendo que el hidrogeno escape.

El modelo climático de Kasting y otros (1993) estimó que los límites internos y externos de la zona habitable del sistema solar están localizados en 0.95 y 1.67 unidades astronómicas respectivamente. Los autores de este estudio actualizan este estudio incluyendo la dispersión de Rayleigh por vapor de agua, nuevos coeficientes de absorción para H2O y CO2. Ellos prueban y verifican el modelo actualizando comparando sus resultados con el modelo inteligente por D. Crisp.

 

Resultados

Los autores pueden estimar nuevos límites para la zona habitable alrededor de una estrella como el sol. El resultado es un rango de 0.99-1.70 por una estrella de masa solar (ver figura 1), queriendo decir que la tierra está vagamente dentro de la zona habitable del sol, pero no necesitas preocuparte demasiado porque este estudio ignora los efectos de las nubes de agua, las cuales reflejan algo de la luz del sol y el frío de la superficie terrestre, empujando adentro el limite interior de la zona habitable.

Los autores también exploran el rango de la zona habitable para planetas más pequeños (1 masa de marte) y más largos (10 masas terrestres). Finalmente, ellos aplican su modelo de diferente tipo espectrales asumiendo diferentes temperaturas estelares, lo cual implica diferentes flujos solares a una distancia dada de la estrella. Esto les permite discutir la posibilidad de ciertos exoplanetas recientemente descubiertos orbitando en las zonas habitables de sus estrellas (ver figura 2). Esta nueva zona habitable estima que nos dará una mejor idea de los exoplanetas a los cuales darles seguimiento con estudio detallado mientras buscamos planetas habitables más allá de la tierra.

   



[1] El presente artículo es una traducción directa del inglés, que puede ser consultado en este enlace: https://astrobites.org/2013/02/07/finding-the-edges-of-the-habitable-zone/

 

jueves, 3 de diciembre de 2020

Crítica de la razón latinoamericana

 CRITICA DE LA RAZÓN LATINOAMERICANA

Ø ¿Cuáles son los problemas que presenta el filósofo Santiago Gómez-castro a través del texto?

Entre los problemas que presenta el pensador Santiago Gómez- castro en el texto, podemos mencionar los siguientes:

Ø  La posmodernidad no es otra cosa que la lógica cultural del capitalismo tardío.

Ø  La emergencia de nuevos rasgos de las sociedades industrializadas como la popularización de la cultura de masas, la desregulación del trabajo y la creciente informatización de la vida cotidiana, hace que el sistema capitalista desarrolle una “ideología” que le sirve para compensar los desajustes provenientes de las nuevas tendencias en el mundo del trabajo y de las concepciones de la vida individual y colectiva.

Ø  La posmodernidad también es una “ideología” propia de la tercera fase de expansión del capitalismo, que se inicia después de la segunda guerra mundial. A diferencia de las anteriores, esta tercera fase ya no conoce fronteras de ninguna clase e incluso penetra en ámbitos como la naturaleza, el arte y el inconsciente colectivo.

Ø  Para lograr sus objetivos, el capitalismo tardío engendra una ideología capaz de inmovilizar por completo cualquier intento de cambiar la sociedad.

Ø  El pensamiento posmoderno arroja por la borda la idea misma de “fundamento”, con lo cual se arruina todo intento de legitimar moralmente cualquier proyecto de transformación social.

Ø  Al negar el potencial emancipatorio de la modernidad, la posmodernidad descalifica la acción política y desplaza la atención hacia el ámbito contemplativo de lo estético.

Para el economista y filósofo Hinkerlammert la posmodernidad es un peligroso retorno a las fuentes mismas del nazismo. La influencia de Nietzsche en los filósofos posmodernos no es gratuita, pues lo que buscan es corroer los cimientos mismos de la racionalidad. Al igual que su maestro, los autores posmodernos identifican a Dios con el “gran relato” de la ética universal y anuncian a cuatro vientos su muerte. Hinkerlammert también piensa que el “antirracionalismo” de la posmodernidad está en la línea de una tradición anarquista que va desde los movimientos obreros del siglo XIX hasta las protestas estudiantiles de los años sesenta.

La reivindicación de lo fragmentario y de lo ecléctico elimina cualquier tipo de resistencia y sume al hombre en una espera resignada del fin. La batalla posmoderna por erradicar la racionalidad es, a los ojos de Hinkerlammert, un mecanismo para eliminar definitivamente a los enemigos del sistema: ninguna utopía más, ninguna teoría capaz de pensar la realidad como un todo, ninguna ética universal. Renunciar a la sospecha, como pretenden los posmodernos, equivale a desistir de la denuncia y, con ello, caer en la trampa de un “discurso justificador”, proveniente de los grandes centros del poder mundial.

El filósofo marxista cubano Pablo Guadarrama está convencido de que el capitalismo, la innegable causa de la posmodernidad, es un “avance evolutivo” sobre las estructuras feudales y coloniales de las sociedades latinoamericanas, y justo por esa razón afirma que no puede hablarse de una “entrada de América latina a la posmodernidad: mientras no termine de arreglar sus cuentas pendientes con la modernidad, esto es, mientras carezca de una experiencia completa del capitalismo y extirpen las relaciones feudales de producción, resulta inoficioso e inútil pensar en una vivencia posmoderna de los países latinoamericanos.     

La posmodernidad no es un fenómeno ideológico, es decir, que no se trata de algo que ocurre en la “conciencia” de ciertos filósofos alienados de su propio mundo latinoamericano, sino ante todo de un fenómeno ontológico que supone una transformación de las practicas al nivel del mundo de la vida, y esto no solo en los países centrales, sino también en los periféricos durante las últimas décadas del siglo XX.

 

Ø ¿Qué significa plantear una crítica a la razón latinoamericana?

En primera instancia, se piensa que no se puede hablar de posmodernidad en América latina porque esta parte del mundo aún no ha saldado sus cuentas con la modernidad y resulta muy inoficioso querer empezar un proceso ideológico cuando aún no se ha terminado muy bien el anterior. Para que se pueda hablar de posmodernidad en Latinoamérica ha de haber un proceso de desarrollo más logrado de industria y cultura. En otras palabras, no se puede hablar de destruir una casa si ni siquiera están bien construidos y terminados sus cimientos: se puede hablar de posmodernidad en Europa y en otras partes del mundo precisamente por el desarrollo económico y cultural que, respecto a Latinoamérica, estos territorios tienen y que han permitido que la posmodernidad les salga al paso y los enfrente para pretender cambiar todos los presupuestos que estos territorios han considerado como propios.    

Por otra parte, la filosofía latinoamericana se ha caracterizado por ser un tipo de pensamiento matinal, cuyo símbolo no es el búho hegeliano sino la calandria argentina. Es decir que  se trata de un discurso que no mira hacia atrás justificando el pasado, como en el caso de Hegel, sino que mira siempre hacia adelante, firmemente asentado en la función utópica del pensamiento. Por ello mismo, dejar atrás este “discurso de futuro” seria negar el anhelo de los sectores oprimidos en américa latina por una vida mejor. Caer en el nihilismo posmoderno equivale a renunciar a la política en favor de un “dejar hacer” en lo económico, “incorporando una voluntad débil y autosatisfecha mediante las caseteras y los estéreos.    

Sin embargo, la posmodernidad no es una simple “trampa ideológica” en la que caen ciertos intelectuales que se empeñan en mirar nuestra realidad con conceptos que no le corresponde, sino que es un estado de la cultura presente también en Latinoamérica. Una condición que, por lo demás, se corresponde con una “nueva imagen del pensamiento”. No es extraño que en lugar de sacar provecho de la crítica posmoderna, resemantizándola a partir de un diagnóstico de la actualidad latinoamericana, buena parte de nuestros intelectuales haya optado por mirar esta crítica como una nueva “ideología imperialista”. Por fortuna, no son pocos los autores que han argumentado a favor de un interés latinoamericano en el debate posmoderno, a sabiendas de que allí se están tratando problemas de gran interés para el diagnóstico de la ambigüedad con que América latina siempre vivió la modernidad.

Para el politólogo argentino Daniel García delgado, América latina experimenta un tránsito de la cultura “holista” –vigente hasta la década de los setenta- hacia la cultura neoindivualista que emerge en los años sesenta, pero que se deja sentir con más fuerza durante los noventa. La cultura holista definía “identidades amplias” basadas en la pertenencia a los colectivos y solidaridades de gremio y clase, en el seno de una comunidad política en donde se destacaba la función integradora de la nación, el papel fundacional de la cultura popular y de la clase trabajadora, así como el imperativo de la redistributiva asegurada por el estado. Este fenómeno se dio con mayor fuerza en aquellos países que lograron industrializarse más rápidamente y construir un estado fuerte, como México y argentina, pero en general puede decirse que echó sus raíces en las herencias coloniales que comparten todos los países latinoamericanos. La cultura neoindividualista, por el contrario, se caracteriza por una tendencia a la formación de “identidades restringidas”, en donde se valora lo microgrupal y lo privado. La identificación con lo “nacional”, que antes actuaba como elemento integrador y de reconocimiento, se repliega ante el impulso de una cultura trasnacional jalonada por los medios de comunicación y las industrias culturales.

García Delgado asegura que esta pérdida de las certezas tradicionales no se produce solamente debido a la quiebra del estado nacional ante el “imperialismo económico” de los poderes trasnacionales, sino que tiene causas endógenas. En muchos países latinoamericanos esta situación obedece a la disolución de los antagonismos ideológicos vigentes durante el siglo XIX y parte del XX, a raíz de las guerras civiles, y que fueron reforzadas posteriormente con la guerra fría. Si los anteriores procesos de integración posicionaron a los individuos y colectivos con respecto a sus “enemigos comunes”, como los conservadores, los liberales, la oligarquía, el imperialismo o el consumismo que aglutinaban  y daban sentido a las políticas de masas, pero esta modalidad perdió fuerzas en la medida en que, desaparecidos los bloques ideológicos, la lógica del poder se volvía cada vez más compleja y difusa.

Buscando las causas endógenas de este cambio de sensibilidad en américa latina, el sociólogo argentino Roberto Follari señala dos factores: en primer lugar, la inusitada brutalidad con que las dictaduras del cono sur eliminaron las organizaciones políticas de izquierda o las debilitaron, sembrando una huella inevitable de temor entre la población. Esto hizo que se propagara un marcado escepticismo en las posibilidades del cambio estructural de la sociedad, pues de antemano se conoció el altísimo coste social que implicaría la intentona. Desde esta perspectiva, el “ablandamiento de las opiniones políticas resulta inevitable, lo mismo que la adherencia a cualquier proyecto de “liberación integral”. El segundo factor mencionado por Follari es la falta de alternativas sociales. La miseria de amplias capas de la población, la creciente restricción de los ingresos en los sectores medios, la corrupción de la clase política, todos estos factores desembocan en una cultura de la inmediatez, en donde lo importante es aprender a vivir a sobrevivir hoy, que mañana ya veremos lo que ocurre. Amplios sectores de la población se han visto obligados en los últimos años a sobrevivir mediante la economía informal, sin protección ni representación social, librados enteramente a su suerte. El presente es el único horizonte de significación a falta de un proyecto futuro.               

¿Qué perspectivas propone el filósofo Castro-Gómez en relación a los temas desarrollados?

Castro- Gómez dice que muchos autores coinciden en señalar que un debate latinoamericano sobre ese tema, o bien obedece a un interés extranjerizante de las elites alienadas que buscan “estar a la moda”, o se trata de la expresión ideológica del “capitalismo tardío”, en su actual fase de expansión planetaria. En los dos casos, la crítica se basa en un mismo supuesto: el desnivel socio-económico que se observa entre las sociedades del norte, donde reina el hiperconsumo de bienes, y la sociedad latinoamericana, marcadas por la pobreza y la violencia, haría imposible o sospechosa una transferencia de los contenidos teórico- críticos de la discusión. Sin embargo, la pensadora  chilena Nelly Richard ha señalado que este argumento se mantiene dentro de un esquema típicamente marxista que subordina los procesos culturales a los desarrollos económicos-sociales.

Nelly Richard resalta dos factores que, a su juicio, explicarían la reticencia de una parte de la intelectualidad latinoamericana al debate posmoderno. El primero es el trauma de la marca colonizadora, que hace que muchos de ellos miren con desconfianza todo lo que viene de “afuera” y crea una línea divisoria entre lo propio y lo ajeno, entre lo extranjero y lo nacional. El segundo factor tiene que ver con la crítica implícita del discurso posmoderno a los ideales heroicos de aquella generación que proclamó su fe latinoamericana en la revolución y en el hombre nuevo.  

Suele suceder entre nosotros que las polémicas filosóficas suscitan más bien adhesiones y rechazos personales que reflexiones profundas. Los rótulos más generalizados son:

1.      El “fin de la modernidad”. Quizás el más difundido de los clichés  sea el de presentar la posmodernidad como el “fin de la posmodernidad”. Pero nada más inexacto que entender este “fin” como la terminación de una época y el comienzo de otra. La posmodernidad no es lo que viene después de la modernidad sino que es la asunción de la crisis que desencadena la modernidad misma. Se trata de asumir aquello que la modernidad conlleva desde sus inicios, a saber, el desencantamiento del mundo, sin pretender esconder este fenómeno detrás de metarrelatos legitimadores, como los que fueron desplegados entre los siglos XVIII y XX. El horizonte cultural de la modernidad conlleva el nacimiento de la escuela y de los medios de comunicación como instancias capaces de “socializar” a los individuos y pone en crisis la autoridad primaria de la familia y de la transmisión oral de los saberes.

2.      Cuando utilizamos la expresión “el fin de la historia” necesitamos una distinción similar a la anterior porque ella tiene poco que ver con la posmodernidad. Esta tesis presenta dos variantes: una es el teorema de la “poshistoria”, esbozado en los años 50 por el sociólogo alemán Arnold Gehlen como una crítica a la incapacidad de innovación de las sociedades industriales avanzadas, cuyo alto grado de sofisticación material ha paralizado la creación de nuevos impulsos y valores. La historia humana “ha finalizado” en razón a lo que único que avanza es la maquinaria tecnológica que garantiza perpetua satisfacción a unas masas incapacitadas para crear algo nuevo. La otra variante la presenta el politólogo estadounidense Francis Fukuyma: la historia humana “finaliza” cuando aparece una cultura global del consumismo mediada por la democracia liberal y la economía de mercado (1992: 5-19). El autor se apoya en Hegel (leído a través de Alexandre Kojeve) para afirmar que la necesidad psicológica del reconocimiento constituye el sentido y el motor de la historia. El deseo de unos pueblos de ser reconocidos por “otros” ha impulsado pasiones como el fanatismo religioso, la guerra, el nacionalismo y el odio durante siglos. Pero hacia finales del siglo XX, con la planetarización de la cultura de masas, la gente necesita cada vez menos de la mirada de un “otro” externo para sentirse aceptada. Los nacionalismos y los fanatismos palidecen ante el triunfo de la democracia de masas, capaz de ofrecer a los ciudadanos la satisfacción plena de su necesidad psicológica de aprobación, sin tener que buscar “enemigos externos”. Para Fukuyama la historia ha llegado a su fin, porque el anhelo de ser reconocidos se satisface con el consumo masivo que garantiza la economía de mercado.

3.   Otro de los rótulos a la posmodernidad es la “muerte del sujeto”, lo cual implicaría, según algunos filósofos, la neutralización de toda oposición reflexiva y crítica con respecto a la racionalidad instrumental dominante. De ahí que Habermas se refiera a los posmodernos como los “jóvenes conservadores”, y los asocie a posiciones de la derecha política (1990: 32-54). Pero ¿qué significa en realidad esto de la “muerte del sujeto”? ¿Se tratará quizás de una consecuencia lógica de la “muerte de Dios” anunciada por Nietzsche, tal como lo supone Hinkelammert, o acaso de una nueva estrategia ideológica de los centros de poder para “desarmar las conciencias”, como lo sospecha Arturo Andrés Roig?  Cuando al final de Las palabras y las cosas Foucault dice que el hombre es una invención reciente que está a punto de borrarse como un rostro de arena en los límites del mar, no se refiere al sujeto empírico, sino al discurso que postula al Hombre como sede y origen del lenguaje y el sentido, tal como lo expresaron las nacientes ciencias humanas desde finales del siglo XVIII. Se trata del humanismo al estilo de Sartre, que plantea la posibilidad de que el hombre se libere de todas las determinaciones ajenas a su control gracias al conocimiento que tiene o puede tener de sí mismo. El hombre como sujeto de su propia libertad y de su propia existencia a partir de un acto de conciencia reflexiva (1991: 40). Pero lo que las ciencias humanas del siglo XX descubrieron, afirma Foucault, es que esa “naturaleza humana” susceptible de ser conocida reflexivamente, no es otra cosa que una ficción. El psicoanálisis, por ejemplo, ha mostrado que el sujeto pensante no se ubica en el centro de la actividad humana, sino que la razón interactúa con fuerzas inconscientes que determinan en gran medida nuestro comportamiento. La lingüística prueba que la distinción entre el objeto y el sujeto es un efecto contingente de la combinación entre determinados juegos de lenguaje. El mismo Foucault sostiene que la relación entre poder y verdad es mucho más compleja de lo que se creía, pues la ciencia misma se basa en relaciones de poder. La clínica, la psiquiatría y la pedagogía son sistemas disciplinarios que conforman un campo de saber, unas técnicas de investigación y recolección de datos sobre los que se “crea” el estatuto epistemológico del objeto. Y ni siquiera las ciencias naturales trabajan con sustento en una concepción especular de la verdad, sino sabiendo que nuestros edificios teóricos están sometidos al juego del azar y de la contingencia.

Por último me refiero a uno de los reproches más populares que se han hecho a la posmodernidad desde la filosofía latinoamericana: el haber proclamado el “final de las utopías”. Nuevamente habrá que preguntar primero de qué tipo de utopías estamos hablando. Examinemos el caso específico de Lyotard, por tratarse de uno de los autores más controvertidos. Partiendo de los análisis de Wittgenstein, el filósofo francés advierte que los juegos del lenguaje están estructurados de tal forma que a partir de ellos resulta imposible pensar una comunidad humana en donde no exista el conflicto y, por tanto, la injusticia. Juegos tales como “argumentar”, “describir” o “preguntar” se construyen sobre la base de complejísimas cadenas de enunciados, en donde existen diferentes posibilidades de interconectar unas proposiciones con otras. Si no existe ningún metacriterio lingüístico que nos permita saber cuáles interconexiones debemos realizar, la elección de una o varias posibilidades se hace siempre a costa de otras. El resultado es el conflicto inevitable entre diversos juegos de lenguaje, o lo que es lo mismo, entre diferentes formas de vida. El heteromorfismo de los juegos de lenguaje significa que el disenso, la inconmensurabilidad, la disonancia y la paradoja no se pueden eliminar de la vida social, a menos que se recurra a un metalenguaje político: la violencia fascista. Según Lyotard, todo intento de “reconciliar” las diferencias existentes entre los juegos de lenguaje y entre las formas de vida configuradas por ellos termina casi siempre en la dictadura y el terror. Ahora bien, casi todas las “utopías de futuro” que se elaboraron entre los siglos XVI y XIX concibieron la sociedad ideal como aquella en donde reinaría la unidad y la armonía, donde no existirían ya más las luchas de clases y donde la comunicación entre las personas sería transparente y no mediada por relaciones de poder. La felicidad en esta sociedad futura sería vivida como ausencia absoluta de diferendos. La armonía y la homogeneidad serían características de una comunidad en donde ya no habría lugar para el politeísmo de los valores. Pero si la heterogeneidad y la diferencia se encuentran ínsitas en toda comunicación humana, como lo muestra Lyotard, entonces resulta claro que este tipo de utopías tendría que degenerar en modelos autoritarios de convivencia social, en donde la homogeneidad y el consenso podrían asegurarse solamente a partir del ejercicio despótico de un metacriterio religioso, económico, político y social. 

Ø Qué aspectos derivan de la lectura?

Uno de los aspectos que derivan de la lectura es la controversia ante la aparente contradicción resultante de la implicación del desarrollo económico y cultural de Latinoamérica y la aparición necesaria de la posmodernidad cuando este territorio deje de ser una latitud en vía de desarrollo. Esto hace emerger los siguientes interrogantes: ¿está destinada América latina a desarrollarse económica y culturalmente solo para que se dé el fenómeno de la posmodernidad? ¿Acaso no pueden emerger la posmodernidad y sus anárquicas consecuencias en un contexto y en unas circunstancias como los que se viven ahí? ¿Ha habido intentos soterrados, en las ideologías opositoras a los gobiernos de turno, de imponer la posmodernidad como experiencia vital en las sociedades latinoamericanas y que perduren hasta nuestros días? ¿Qué es lo que ha impedido que estas se hagan más vistosas y repercusivas en las sociedades latinoamericanas de modo que sean más fácilmente reconocidas? ¿Existe realmente la posmodernidad en américa latina? ¿Cuáles han sido los factores incidentes en la falta de una cultura del dialogo en los individuos que componen nuestras sociedades latinoamericanas?