miércoles, 2 de octubre de 2019

Breve historia de la Metafísica

Generalidades de la Metafísica 



METAFÍSICA- definición y término de la disciplina
La metafísica es la ciencia filosófica que se encarga de estudiar la realidad y  cuestiones que no pueden ser tratadas por otras ciencias al estar por fuera de los criterios de la experimentación. Esta ciencia es llamada por Aristóteles como la primera filosofía y estudia la naturaleza, la estructura y los componentes de la realidad, es decir, va a su misma raíz. La metafísica filosófica se contrapone a una corriente esotérica relativamente reciente y carácter  fundamentalmente oriental y que ha surgido en las últimas décadas.
Si toda ciencia es ciencia del porqué, es evidente que la sabiduría más elevada será aquella que se ocupara de “las primeras causas y de los principios”.
En el plano de la teoría de los “primeros principios”, pues es así como se presenta inicialmente, y de una manera casi tautológica, la filosofía primera, Aristóteles reprocha a Platón no haber distinguido bien dos cosas:
1.      Los sentidos del ser, cuyos principios pretendía descubrir.
2.      Las acepciones mismas de la noción de causa, distinción que, no obstante, parecía esencial al tratarse de las primeras causas.   
LA TEORÍA DE LAS CAUSAS
Aristóteles se sentía particularmente orgulloso de su teoría de las cuatro causas, que el mismo ha presentado como su contribución más importante a la elaboración de una filosofía primera. Lo que hay que explicar es, según él, la physis. Lo que la naturaleza es tan compleja, que únicamente es posible hacerlo distinguiendo varios sentidos de la noción de causa:
1.      La causa designa ante todo la materia (hyle) de que están hechas todas las cosas. La materia de Aristóteles no existe nunca en estado bruto, porque toda materia tiene ya su forma, pero no es menor verdad que encarna un principio que se encuentra en la base de todas las cosas. Si el estagirita la nombra en primer lugar, no es sólo porque la materia es la causa más elemental de todas las cosas, sino también porque es esta la especie de causa material que los primeros fisiólogos habrían buscado. Se requiere un principio distinto al de la causa material si hay que explicar de dónde viene el cambio.
2.      Este principio será el de causa eficiente, que designa literalmente el principio o inicio del movimiento. El movimiento que intentará explicar esta causalidad es el de los cuerpos celestes, un movimiento eterno que, por tanto, no tiene comienzo (arché). La causa del movimiento eterno de los astros sólo se puede explicar en términos de finalidad.
3.      La tercera causa, la formal, era la más conocida en el seno del platonismo, porque el estagirita la llama muy a menudo eidos (aunque también ousía). Según Aristóteles, los partidarios de las ideas, fueron, de hecho, los primeros en tomarla en cuenta. De acuerdo a este mismo filósofo, no es posible explicar por qué una materia de madera ha adquirido la forma de una mesa si no se tiene en cuenta la causa eficiente en este caso del artesano o del arte de la carpintería, que ha dado forma a esa materia. Pero hay una cuarta manera de decir el porqué de las cosas, muy apreciada por Aristóteles:
4.      La causa es, en efecto, muy a menudo “ese para qué” (hou heneka) o el fin de una acción, como atestigua el uso de la lengua, que a Aristóteles le agrada mucho seguir: “y en otro sentido causa es el fin, esto es, aquello para lo cual es algo. Por ejemplo, el pasear respecto de la salud. Pues ¿Por qué paseamos? A lo que respondemos: para estar sanos, y al decir esto creemos haber indicado la causa. Ese teleologismo es esencial a todo el pensamiento de Aristóteles, incluida su ética: es en virtud de la misma teleología por lo que puede decirse tanto que los cuerpos se dirigen por naturaleza hacia abajo como que los hombres aspiran a la felicidad.

HAY UNA CIENCIA QUE TRATA DEL SER EN CUANTO SER
Dice Aristóteles:
Hay una ciencia que estudia el ser en cuanto ser, y los atributos que esencialmente le pertenecen. Esta ciencia, por lo demás, no se confunde con ninguna de las denominadas particulares, porque ninguna de estas ciencias se ocupa en general del ser en cuanto ser, sino que, tras seccionar una parte del ser, estudia solamente los atributos de esta parte.
LA PERSPECTIVA ONTO- TELEOLÓGICA DE LA METAFÍSICA.
Aristóteles distingue, en ese contexto, tres ciencias teóricas (o teoréticas, si queremos seguir el texto griego), es decir, ciencias a las que uno se dedica por simple amor al saber, a diferencia de las ciencias prácticas o técnicas que se practican con otro fin. Son la física, la matemática y la ciencia teológica (theologiké).
1.      La física, escribe Aristóteles, trata de los seres móviles y no separados, es decir, aquí, no separados de la materia. Las sustancias físicas, en efecto, están sometidas al movimiento, sin estar separadas de la materia.
2.      En cuanto a la matemática, trata esta de los seres inmóviles, pero probablemente inseparables. Aristóteles quiere decir que las entidades matemáticas no se hallan como tales sometidas al movimiento, pero no existen de manera separada, es decir, autónomamente.
3.      La ciencia primera trata, por su parte, de los seres a la vez separados (de la materia) e inmóviles. A esta ciencia, Aristóteles la llama “teológica” (theologiké). Y es, como explica Aristóteles, que si lo divino está presente en alguna parte, estará presente en esta naturaleza inmóvil o separada, y la ciencia más elevada tiene que tener por objeto el género más elevado.
EL SER SE ENTIENDE EN MÚLTIPLES SENTIDOS
Se trata de una declaración que se encuentra frecuentemente en Aristóteles, de no escasa importancia filosófica. Pero si Aristóteles mismo va a la búsqueda de una ciencia, ontológica o “principal” del ser, no puede ignorar esta polisemia del verbo ser. Destaca cuatro grandes acepciones:
1.      “Ser” se dice primero del ser por accidente: se trata literalmente del ser que “accede” o deviene en alguna cosa. Este ser no existe de manera autónoma, como la sustancia, pero se predica de una sustancia.
2.      “Ser” puede decirse también, prosigue el estagirita, de acuerdo con los esquemas de la categoría. Las categorías son para Aristóteles las grandes secciones según las cuales es posible decir y pensar el ser y enumera por lo general diez: la sustancia, la cualidad, la cantidad, la relación, el lugar, el tiempo, la posición, la posesión, la acción y la pasión.
3.      “Ser” también se dice según el acto y la potencia. Generalmente se percibe en esta tesis una respuesta al inmovilismo de Parménides, que negaba la existencia del movimiento del cambio por la razón de que implicaba un paso del no-ser al ser y, por lo tanto, de la existencia al no-ser.
4.      Ser se dice, por último, en el sentido de “ser verdadero”. Acepción que nos parece bastante menos evidente que las otras, pero que lo debe todo al genio de la lengua griega.
LA FILOSOFÍA PRIMERA COMO OUSIOLOGÍA   
1.      La sustancia designa en primer lugar la “quididad”. El término es todavía más extraordinario en griego que en castellano o en latín. La quididad, en el griego aristotélico, es literalmente “que algo es lo que siempre fue”. 
2.      La sustancia puede designar el universal (el katholou). Aristóteles fue el primero en utilizarla y, literalmente, significa “lo que se toma según el todo” entendiendo así –porque se trata de uno de los sentidos de la sustancia- lo que vale por “todos” los seres de tal o cual tipo, de tal o cual especie: todos los hombres tienen en común, por ejemplo, la misma “sustancia universal” y las propiedades que la acompañan. Esta acepción de la noción de sustancia, o de “lo que verdaderamente es”, sabe de nuevo a platonismo.   
3.      La sustancia podría ser también el género (genos) dice Aristóteles. Acepción que nos hace pensar inmediatamente en “las sustancias segundas” del tratado de las Categorías, que reconocía un estatuto de sustancia a los géneros y a las especies.
4.      Por último, la sustancia puede designar el sujeto o el sustrato (hypokeimenon). La expresión, que también es propia de Aristóteles, designa literalmente aquello que esta (lo que subyace) debajo o sirve como fundamento de… (idea que conservaran los términos latinos de substantia y de subjectum, sujeto).
LA TEOLOGÍA DE METAFÍSICA A
Se ha comprobado que el término theologiké era extraordinariamente raro, y hasta sospechoso, en el corpus aristotelicum, por más que metafísica E le reconociera un lugar de preferencia, y lo mismo sucede con el término teología. Serviría para designar todas las historias que se suelen contar a propósito de los dioses, con el sobreentendido de que no son creíbles. La teología aristotélica no será propiamente un relato sobre los dioses, sino un discurso de inspiración esencialmente física sobre el primer motor (proton kimonoun literalmente, el primer moviente) que se requiere si se quiere explicar un movimiento continuo y universal como es el de los cuerpos celestes. Toda la “teología aristotélica” se contiene en este esfuerzo de explicación que hallamos en la física y en el tratado acerca del cielo, pero cuya versión más clásica podemos ver en el libro XII de la Metafísica.
Se trata de un texto absolutamente fundador para la teología occidental por dos muy importantes razones:
1.      Al hablar del primer motor, que es causa del movimiento de los astros, Aristóteles es, de hecho, el primero en ofrecer una explicación causal y racional del universo físico (aun cuando no se trata directamente, según él, más que de los movimientos celestes) por hacerla depender de un primer principio divino.
2.      Aristóteles es también el ancestro de la teología occidental al decir que este primer motor es acto, que no puede sino ejercer la más elevada actividad que pueda darse, que es la de pensar. Por primera vez en la historia de la metafísica, “Dios” es concebido a la par como un principio de explicación del mundo y como inteligencia suprema, características que seguirán siendo suyas para toda metafísica que se las ingenie para hablar de lo divino. 
En la siguiente tabla se contraponen los conceptos del motor inmóvil en la filosofía antigua:
Aristóteles
Platón
Academia
Primer motor
Idea del bien
Uno
55 motores
Ideas y entidades matemáticas
Ideas-números
Mundo material o sublunar
Mundo sensible
Mundo sensible

Esta estratificación de la trascendencia ha conocido una importante tradición posterior en la historia de la metafísica. El neoplatonismo elaboró una jerarquía aún más diversificada, que se extiende de lo inteligible a lo sensible, partiendo de la idea directriz de una emanación de capas o “hipostasis” de realidad a partir del Uno. En el ámbito de la teología cristiana, marcada por el platonismo, los ángeles pasan a ocupar de una forma completamente natural el nivel inferior del mundo inteligible.


DESARROLLO HISTÓRICO DE LA METAFÍSICA

El mundo espiritual del siglo XIII

Varios acontecimientos caracterizaron esta centuria, perteneciente al siglo XIII:
a)      La aparición de Aristóteles. El siglo XIII marca una etapa nueva en la filosofía. Así como en su comienzo el cristianismo tuvo que enfrentarse con el pensamiento griego, esto vuelve a ocurrir, en forma distinta, en la Edad Media. Hasta este momento, la filosofía cristiana se había constituido sobre la base de escasos escritos griegos, de tipo platónico o neoplatónico; en el siglo xiii irrumpe en el área filosófica de Occidente la figura máxima de Grecia, y la Escolástica tiene que hacerse cuestión de esta filosofía maravillosamente profunda y aguda, pero distinta de su tradición, que le aportan los árabes. Hay una etapa de asimilación del pensamiento aristotélico; es la obra que realizan, sobre todo, San Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino; esto enriquece enormemente las posibilidades de la Escolástica, pero tal vez desvía al mismo tiempo a la filosofía cristiana de otros caminos por los que su genio original hubiera podido llevarla. En todo caso, la presencia de Aristóteles señala el paso a una época nueva y fecundísima.
b)      La fundación de las universidades.  Al comenzar el siglo XIII, nace la Universidad de París, uno de los más grandes poderes espirituales de la Edad Media. Una Universidad no es un edificio ni un centro único de enseñanza, sino una gran agrupación de maestros y alumnos de las escuelas (universitas magistrorum et scholarium), sometida a la autoridad de un canciller. La vida escolar en París era muy floreciente; poco a poco se va organizando y queda encuadrada en cuatro facultades: de teología, de artes (filosofía), de derecho y de medicina. Los más numerosos eran los estudiantes y maestros de artes, y estos se dividían en naciones (picardos, galos, normandos, ingleses); su jefe era el rector, que acabó por suplantar al canciller en la dirección de la Universidad. Los grados de las facultades eran el bachillerato, la licenciatura y el doctorado, la calidad de doctor o magister. La Universidad de París estaba sometida a dos protecciones —e influencias—: la del rey de Francia y la del Papa. Los dos se daban cuenta de la importancia inmensa de este centro intelectual, que se ha llegado a comparar con la del Imperio y el Pontificado. Inocencio III fue el gran protector e inspirador de la Universidad parisiense en sus comienzos.
c)      LAS ÓRDENES MENDICANTES. A comienzos del siglo XIII se constituyen, sustituyendo en cierto modo a los benedictinos, las dos grandes órdenes mendicantes de los franciscanos y los dominicos. San Francisco de Asís funda la Orden de los Hermanos Menores, y Santo Domingo de Guzmán la Orden de Predicadores. La función de estas órdenes es distinta en principio: a los franciscanos corresponde más bien la unción; a los dominicos, la predicación. Esta orden, fundada con ocasión de la herejía albigense, estaba encargada de la defensa de la ortodoxia, y por eso le fue confiada la Inquisición. Pero los franciscanos desplegaron también muy pronto una gran actividad teológica y filosófica, de volumen y calidad comparables. Los franciscanos, especialmente en la dirección que señala San Buenaventura, conservan las influencias platónico-agustinianas anteriores, pero desde Duns Escoto entran también, como los dominicos, en el aristotelismo.  

Crisis de la Metafísica:
La grandiosa construcción metafísica que caracterizó la filosofía medieval va a ser cuestionada y entrar en crisis en la filosofía moderna hasta su disolución y abierta negación en grandes sectores del pensamiento filosófico. Pero conviene advertir que en realidad el ataque a la metafísica no va en propiedad contra la temática que la metafísica aristotélica había planteado, sino contra la manera de entenderla e la filosofía medieval y moderna y especialmente en la escolástica decadente, que se da como la única y válida interpretación del término, forma de entenderla que es vista casi caricaturizada, sin apreciar el esfuerzo especulativo que la investigación medieval había supuesto.

Por otra parte hay que atribuir en gran medida al progreso científico la crisis de la metafísica en la Edad Moderna. El hombre entrevé por primera vez la posibilidad, no teórica, sino real y concreta de un conocimiento exacto de las cosas, un conocimiento que no queda en teorías abstractas, sino que se atiene siempre al control de la verificación empírica; un conocimiento que se traduce en un dominio real de los fenómenos del mundo. Este conocimiento produce la crisis de la confianza que el hombre tenía en la metafísica, tal como incorrectamente interpretaban el término.

Una diferencia fundamental existe en esta concepción de García Morente con relación a Aristóteles, que para este último la intuición intelectual de que estamos hablando no es ningún fenómeno “místico”o extraordinario, sino ese saber primario y fundamental que se nos da como evidente y está al alcance de todos como punto de arranque de todo tipo de saber: por ello Aristóteles la llama “popular” (koiné). No se trata de la intuición sensible, que no rechazamos, “pero esta intuición sensible –como nos dice García Morente– no puede ser la intuición de que se vale el filósofo para hacer su sistema filosófico”. Esta intuición sensible sin la proyección de la intuición intelectual es chata, “puro conocimiento de bestia”, como decía S. Agustín, según ya hemos visto. Con la intuición sensible “conocemos”, pero no “sabemos”. Sólo la intuición intelectual nos permite despegarnos de la inmediatez de lo dado y levantar el vuelo hacia la intelección de lo dado.

En el desarrollo de la metafísica son de una inmensa importancia los siglos que solemos reunir bajo el nombre de Edad Moderna. En los estudios de esta época se ponen al descubierto las partes débiles del sistema metafísico medieval y se impone una investigación de fundamentos que va a correr a cargo de un investigador escrupuloso y profundo, como es Kant. Pero el racionalismo, que ha imperado en Europa, y en general en la cultura occidental a partir de Descartes está viendo en nuestro momento histórico el final de su imperio. Como ya decía Ortega, “la generación que florecía hacia 1900 ha sido la última de un amplísimo ciclo, iniciado a finales del siglo XVI y que se caracterizó porque sus hombres vivieron de la fe en la razón”. 

El punto de partida de toda reflexión filosófica será ahora la vía de la interioridad o la autoconciencia. El primer principio de toda metafísica será el cogito, interpretado como la captación intuitiva de la sustancia del sujeto pensante. De esta primera evidencia se tratará de deducir toda la filosofía a través de las ideas claras y distintas, inaugurando así la vía de la inmanencia. El método introducido por Descartes de deducción metafísica parte de la evidencia del yo para, apoyándose en la existencia y veracidad divina, descender al dualismo de la sustancia pensante y la sustancia extensa. Dios se constituye en el avalista de la certeza de la realidad que me es más próxima.

En la filosofía continental, la superación de la metafísica ha sido declarada sobre todo por razones esencialmente históricas. Marx, Nietzsche, Dilthey, Husserl, Heidegger y la Escuela de Frankfurt de Horkheimer y Adorno: estos no son más que los nombres principales de un catálogo que documenta la convicción de que la metafísica pertenece ya al pasado. Entre los pensadores continentales de nuestro siglo, el que ha tenido, más que ningún otro, una muy viva conciencia de este problema, es sin duda Heidegger, quien ha declarado y sostenido en su labor filosófica la necesidad de superar la tradición de la metafísica, y precisamente de diversas formas:
1.      En la época de Sein und Zeit a través de la idea de una destrucción fenomenológica de la ontología tradicional, teniendo en vista, en realidad, una fundación más radical de la filosofía en un proyecto que en 1919 llamaba “ciencia preteórica originaria”, en 1923 “hermenéutica de la facticidad”, más tarde “analítica de la existencia” y “ontología fundamental” y en 1929 incluso “metafísica del Dasein”.
2.      En la época de la “vuelta”, Heidegger radicaliza este proyecto explícitamente en dirección de la “superación de la metafísica” [Überwindungder Metaphysik], procurando definir los rasgos esenciales que caracterizan la estructura especulativa e histórica de la metafísica, a saber, la “onto-teología”, determinada profundamente por el aristotelismo, y la “subjetividad”, reconducible al platonismo.
3.      En su último pensamiento llega a la tesis del fin de la metafísica la que se habría metamorfoseado ya en la esencia de la técnica moderna: ésta sería, pues, la consumación de la metafísica, y a su vez, la metafísica sería la prehistoria de la técnica.

Existe otro ataque contra la metafísica, emprendido por el pensamiento continental, a saber, el ataque de Jurgen Habermas en su pensamiento pos metafísico. Es lo que evidenciaría de manera muy clara algunos de sus rasgos característicos: 
1.      Su intento de una capacitación comprehensiva del todo, de allí su esfuerzo por alcanzar la identidad de ser y de pensar.
2.      Su nostalgia del absoluto y su aspiración de ocupar el lugar de la metafísica tradicional de la filosofía primera, y esto, sobre el fundamento de un sujeto determinando como conciencia que en la época moderna debe asegurar la fundación inconmovible.
3.      En fin, la determinación fuerte, de alto perfil, de la filosofía que ella concibe como theoria.

Esta caracterización es seguramente sumaria, pero suficiente a ojos de Habermas para concluir que la metafísica está destinada ya a pertenecer a la galería de los errores del pasado. Hoy replica:

·         La ilusión de poder comprender la totalidad ha sido abandonada, y se ha resignado a practicar una racionalidad de perfil bajo, de corte procedimental y no substancial, falibilista y no fundacionista; se ha renunciado, adoptando una actitud acorde con nuestra finitud, a creer que el saber filosófico pueda elevarse al nivel de lo absoluto.

·         Se ha pasado igualmente del primado de la perspectiva del sujeto como conciencia, que garantizaría un saber epistémico universal, a la perspectiva de la intersubjetividad del lenguaje y la comunicación.

·         En fin, la dicotomía tradicional entre teoría y práctica y la asignación del primado a la actividad contemplativa no tiene ya sentido, pues en el mundo moderno han cedido su lugar a un nuevo fenómeno, el fenómeno del trabajo.


Como se sabe, Heidegger ha interpretado la génesis del término “metafísica” declarando que tiene su origen en una “indecisión filosófica de fondo”, a saber, la indecisión filosófica en la que se vio Andrónico de Rodas cuando no supo encontrar ningún lugar donde situar la ciencia aristotélica del ser en cuanto ser, en el contexto del sistema del saber helenístico que prevé una tripartición de la filosofía en lógica, física y ética. Desde finales de los años veinte, Heidegger sostuvo la tesis de que la metafísica se constituye esencialmente como “onto-teología”: la investigación sobre el ente en cuanto tal que ella ha llevado a cabo se configura o bien como investigación de lo que es común a todo ente, es decir, como ontología, que es una ciencia formal (on katholou = koinon), o bien como investigación del ente más elevado, es decir, como teología, que es una ciencia causal (on katholou =akrotaton on).

Como ontología, declarando la polisemia del ser, la metafísica aristotélica reconoce la multiplicidad de la realidad, acepta pues como factor positivo la irreductibilidad de lo múltiple a un único principio y se propone como un pensamiento de las diferencias, de las diversidades, de la pluralidad. En el marco de la ontología aristotélica, el ser no es pensado como unívoco, sino siempre según la articulación de sus múltiples significaciones y de sus diversas regiones. En consecuencia, teoriza la necesidad de tipos de saber diferentes que analicen la realidad en sus múltiples aspectos, según las diferentes perspectivas y en vista de finalidades diversas.

Como teología, considera posible el estudio científico de las realidades supremas, divinas. Por ella, Dios hace su entrada en la filosofía, aunque ya no es más “narrado” en el mito o “revelado” en la religión, sino considerado y estudiado como ser supremo susceptible de una investigación racional. La metafísica, en tanto que teología, se ocupa de lo divino por derecho propio, obteniendo por vía de la argumentación racional un concepto propio de Dios, sin tomar las representaciones de la mitología o de la religión. Engendra la teología especulativa, es decir, filosófica, conceptual. Ciertamente, se puede objetar que de esta manera Dios entra en la filosofía como summum ens, pero en tanto tal deja de hablar en primera persona: lo que tiene que decir se traduce en el lenguaje de la metafísica y de la filosofía. En el horizonte de la metafísica hace efectivamente su entrada en la filosofía, pero para salir de allí inmediatamente. En tanto lógica, la metafísica no es un tipo de saber intuitivo o inspirado, sino que se despliega según las modalidades de la argumentación racional, específicamente, siguiendo la forma por Excelencia de ésta, es decir, la dialéctica en el sentido aristotélico del ars bene disserendi (y no en el sentido moderno, hegeliano, de lógica o sistema de la contradicción).




sábado, 27 de julio de 2019

¿PUEDE LA VIDA PROSPERAR ALREDEDOR DE UNA ESTRELLA ENANA ROJA?


¿PUEDE LA VIDA PROSPERAR ALREDEDOR DE UNA ESTRELLA ENANA ROJA? [1]


Por Michael Schirber abril 09 2009



Uno de los varios planetas dentro del sistema estelar Gliese 581, llamado Gliese 581 d, puede ser uno de los más potenciales exoplanetas habitables conocidos. Tiene, aproximadamente, 8 veces la masa de la tierra, y localizado en  una órbita justa para que el agua líquida exista en la superficie. El agua es un ingrediente clave para la vida como la conocemos. Gliese 581 es una estrella enana a 20.5 años-luz de la tierra. 

Aproximadamente, tres cuartas partes de las estrellas de la galaxia son enanas rojas, pero las búsquedas de planetas típicamente han pasado por alto estas diminutas y tenues estrellas porque se ha creído que son hostiles para potenciales formas de vida. 
Sin embargo, este prejuicio se ha suavizado últimamente. Resultados preliminares de un programa  dedicado de búsqueda han mostrado que los planetas alrededor de las enanas rojas podrían ser habitables si pueden mantener un campo magnético por unos cuantos millones de años.
Las enanas rojas- también llamadas estrellas de tipo M- son, entre un 7 y un 60 por ciento tan masivas como nuestro sol. Su baja masa quiere decir no arden tan caliente o brillantemente, emitiendo menos del 5 por ciento de luz de nuestro sol. No obstante, ellas tienen una fuerte actividad magnética, lo cual las hace relativamente brillantes en rayos x y radiación ultravioleta y causa que llameen frecuentemente.
Para entender el ambiente alrededor de estas estrellas comunes, el programa “Vivir con una enana roja” fue empezado hace tres años. Está juntando todos los datos observacionales para proveer un archivo de cómo varían el brillo y la actividad magnética a medida que envejecen.
“esta es la información que te gustaría saber para modelar la idoneidad de la vida en un planeta cercano”, dice Ed. Guinan de la universidad de Villanova, que también es uno de los científicos que trabajan en el programa.

La clave de la muerte
Como la habitabilidad va, se creía que las enanas rojas eran consideradas malas compañeras de cuarto en el cosmos.
Porque son tan tenues, la zona habitable- la distancia de una estrella donde el agua líquida puede existir- es, en muchos casos,  más cerca que la distancia orbital entre mercurio y nuestro sol. Cuando un planeta orbita a una estrella así de cerca el pulso gravitacional de la estrella puede causar que el planeta caiga en el acoplamiento de marea con el mismo lado encarando siempre la estrella (similar a la mirada fija de la luna hacia la tierra).
Previamente los científicos especularon que el lado oscuro de planetas con acoplamiento de marea se volvería tan frio que enfriaría la atmosfera entera, dejando, incluso, que el lado iluminado por el sol tenga poco aire para respirar. Pero modelos más recientes han mostrado que los vientos distribuirían suficientemente el calor para evitar este colapso atmosférico.
Aun así, la vida podría no ser un picnic alrededor de una enana roja. Varias veces por dia emitidas por la estrella, las llamaradas harían que la radiación ultravioleta salte de 100 a 10.000. Por varios minutos, la estrella parece azul en vez de roja. Esto incrementó que la radiación podría esterilizar la superficie de un planeta cercano. 
Probablemente querrías vivir en el lado oscuro”, dice Guinan. “o al menos a lo largo de la zona crepuscular, que es donde tú tienes menos exposición a los rayos ultravioleta.
Incluso entre llamaradas, la combinación de luz ultravioleta y vientos estelares puede despojar la atmosfera si nada la está protegiendo o repeliéndola.
Sin embargo, toda la esperanza no está perdida. La radiación de alta energía es predominantemente emitida por estrellas jóvenes. A medida que envejecen, las enanas rojas se menos activas magnéticamente mientras continúan brillando firmemente en longitudes de onda visibles por 100 billones de años o más.
Por lo tanto, si un planeta orbitante solo puede mantener en su atmosfera a través de los salvajes tempranos años de su estrella anfitriona, podría terminar siendo un lugar decente para vivir.

Retrocediendo el reloj estelar
Pero… ¿cuán peligrosas son las enanas rojas?
Para desarrollar un modelo para ver cómo cambia la actividad magnética con el tiempo, Guinan y su colega Scott Engle vieron los rangos de rotación de una amplia muestra de enanas rojas. Como era de esperarse, las estrellas con rotación más rápida tenían más emisiones de rayos x y ultravioleta, así como más llamaradas. La rotación causa que el material cargado dentro de la estrella sea más batido alrededor y esta acción “dinamo” genera un campo magnético. El gas alrededor de la estrella es atrapado y calentado a millones de grados. Este gas caliente produce la alta radiación de energía observada.  
Estimando la edad de las estrellas en su muestra, los investigadores fueron capaces de construir una línea de vida típica de una enana roja.
Los datos muestran que una enana roja nace relativamente rápido y exhibe la correspondiente actividad magnética. Sin embargo, el campo magnético también crea vientos fuertes que despojan cualquier momento angular y, así, la estrella baja con el tiempo.
La conclusión es que una enana roja se tranquilizara después de unos dos o tres millones de años. En comparación, nuestro sol (una estrella típica de tipo G) fue magnéticamente muy activa (con dos o tres grandes llamaradas al día) para su primer medio millón de años.

Campo magnético
Un planeta con un campo magnético substancial, como el de la tierra, puede desviar vientos estelares y, por lo tanto, evitar tener despojada su atmósfera.
“esto podría proteger al planeta por los dos o tres millones de años en que una enana roja esté activa” dice Guinan.
Sin embargo, él no está completamente optimista. El hecho de que planetas potencialmente habitables alrededor de una enana roja tengan acoplamiento de marea implica que están rotando lentamente alrededor de su eje. Por la misma física aplicada a las estrellas, la rotación lenta significará un campo magnético que podría debilitarse completamente.
Esto es lo que pasó con marte. Tenía un campo magnético hace 3.5 millones de años, pero cuando su núcleo liquido empezó a solidificarse, el campo se debilitó. Sin este campo protector, el viento solar despojó la mayoría de la atmosfera y el agua líquida. 

Para evitar este destino alrededor de una enana roja, Guinan especula que un planeta podria necesitar ser más masivo que la tierra. El amplio nucleo liquido dentro de una super-tierra (es decir, un planeta con una masa de entre 2 y tres veces la de la tierra) podria, tal vez, mantener un campo magnético a pesar del más lento rango de rotación.  
Interesantemente, tres de las dos docenas de planetas detectados alrededor de enanas rojas son supertierras. Presumiblemente serán encontrados en búsquedas futuras. El proyecto M Tierra es un reconocimiento de 2000 estrellas M usando telescopios basados en tierra y el telescopio Kepler, lanzado en Marzo,  ha añadido más enanas rojas a su lista de objetivos.
“Las enanas rojas de tipo M fueron pasadas por alto en el pasado, pero se han vuelto más populares en cuanto que la gente se ha dado cuenta que la vida podría, potencialmente, prosperar alrededor de ellas, “dice Guinan. 



[1] El presente artículo es una traducción directa del inglés, y este puede ser consultado aquí: https://www.space.com/6560-life-thrive-red-dwarf-star.html

martes, 25 de junio de 2019

ENANAS ROJAS: LAS FASCINANTES ESTRELLAS QUE VIVEN POR BILLONES DE AÑOS


ENANAS ROJAS: LAS FASCINANTES ESTRELLAS QUE VIVEN POR BILLONES DE AÑOS[1].
Por Jonathan o’ Callaghan
Enero 3, 2013
Son las estrellas más comunes en el cosmos, pero una súper- larga expectativa de vida  y una extraña composición pone a las enanas rojas entre los objetos más importantes en la existencia.  
Las estrellas en el universo vienen en toda clase de tamaños, desde estrellas comparativamente pequeñas de neutrones hasta las masivas supergigantes. Por lejos, sin embargo, el tipo de estrellas más común es la enana roja. Más pequeña que nuestro sol, pero con una vida mucho más larga, estas esferas de gas ardiente son extremadamente importantes en nuestra comprensión del cosmos.
Típicamente, las estrellas enanas rojas tienen una masa de entre 7.5 % y 40% de nuestro sol. Las estrellas menos masivas son las enanas marrones debido a su luminosidad comparativamente baja mientras que estrellas más masivas (como nuestro sol) son enanas amarillas. Su reducida masa significa que las enanas rojas tienen una superficie más fría que el sol, típicamente 3.500° K (3,230° C) comparados a 5, 750° K (5,475° C) del sol.
La energía en una enana roja es generada de la misma forma que en el sol, es decir, a través de la fusión de hidrógeno a helio. Por su temperatura nuclear y masa más baja, sin embargo, el rango de fusión nuclear es mucho más bajo y, así emiten una cantidad más baja de luz. Incluso las más grandes enanas rojas emiten sólo el 10% de la luz del sol, mientras que las más pequeñas sólo tienen 10.000% de la luminosidad del sol.
En todas las estrellas, la energía del núcleo es irradiada a la superficie en un proceso conocido como convección, perdiendo una gran cantidad de masa en el proceso. Las enanas rojas, por otra parte, son completamente convectivas. Esto quiere decir que el helio no se acumula en el núcleo y las estrellas pueden continuar fusionando hidrógeno por un tiempo mucho largo que otras estrellas.
Tan largo es el proceso que, de hecho, que la esperanza de vida de una enana roja puede ser más larga que la edad esperada del universo, que tiene 13.800 millones de años. Las estrellas más masivas queman su combustible mucho más rápidamente  y, así, su esperanza de vida es más corta, a veces solo unos cuantos millones de años (astronómicamente hablando, por supuesto), así que la más baja masa de las enanas rojas vivirá más. Una enana roja con una décima parte de la masa del sol continuara quemando combustible por 10.000 millones de años. Por lo tanto, no hay enanas rojas que conozcamos en el universo que estén cerca de terminar sus vidas, así que nunca observaremos lo que ocurre en las últimas instancias de su vida.   



[1] El presente artículo es una traducción directa del inglés. El original puede ser encontrado aquí:  https://www.spaceanswers.com/deep-space/red-dwarfs-the-fascinating-stars-that-live-for-trillions-of-years/

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Walter Benjamín: o la historia a contrapelo


Walter Benjamín o  la historia a contrapelo

Una frase que es oportuno traer a colación en este ensayo es aquella que dice: “quien no conoce la historia, está condenado a repetirla”. Con esta expresión, se nos da a entender que la historia, y también el pasado, debe servir como una enseñanza para que aquella no se algo que se dé en forma cíclica sino de una manera lineal. Incluso a nivel personal, esta es una lección que debemos aprender: no hay que mirar el pasado como una colección de eventos negativos y fracasos que, de una u otra manera, han determinado nuestro presente, nuestro hoy. El pasado ha de mirarse como una fuente de sabiduría para tomar mejores decisiones y, así, poder construir el futuro que queremos. En ese sentido, quiero evocar la figura del ángel que mira los escombros de la historia y, estando impedido de hacer algo al respecto, es llevado al cielo por la corriente de un impetuoso huracán. A los tiempos pretéritos se les ha de mirar con ese sentido pedagógico y no en un sentido anacrónico, como lo hacen muchas personas al considerar ciertas épocas históricas como “oscuras e improductivas”. Por esa razón, también considero como anacrónico el hecho de criticar el pasado cuando las cosas no pudieron ser de otra manera. Por ejemplo, decir cosas como: ¡“cuan equivocada estaba la gente de otras épocas cuando creían esto o lo otro con respecto a este mismo tema”! no se puede criticar al pasado porque, en su momento, este fue el presente de los que nos precedieron en el tiempo y no podían ellos hacerse cargo de nuestro presente porque, para ellos, ese era su futuro. Sin embargo, ellos también supieron ser previsores colocaron los cimientos sobre los que ahora estamos caminando nosotros, sobre todo en materia de conocimiento.
El pasado sigue teniendo vigencia como pedagogo que es, pero algunas personas parecen vivir en él al criticarlo comparando los criterios de ahora para hacer las cosas con los criterios de aquel entonces. Cada persona ha de vivir en su propio tiempo, y esto es lo que hace que su pensamiento sea un enorme contribuyente para la posteridad y, en cierto modo, se adelantaron a su tiempo para contribuir a ese futuro que ahora es nuestro presente.   
Cuando apreciamos un fenómeno histórico que se repite en distintas regiones del mundo, nos da la impresión de que la historia se hace cíclica, no lineal. Otra cosa que nos puede hacer creer este tipo de fenómenos es que no estamos avanzando sino retrocediendo con los tiempos. Por ejemplo,  esto sucede cuando un gobierno pretende asumir la filosofía de otro o cuando un gobernante pretende destruir lo que su predecesor ha hecho con tanto esfuerzo (eso solamente para dar unos pocos ejemplos).
Obras como la de Benjamín se presenta como una  resistencia y constituyen el compromiso emancipatorio a fenómenos representantes de la barbarie como el fascismo y el socialismo que, brevemente, sedujeron al mismo Benjamín. Las tesis de filosofía de la historia se consideran como un documento fundamental porque en ellas convergen, en una “afinidad electiva” y dialéctica, los dos caminos por los que Benjamín había realizado su búsqueda filosófica: la teología judía y el materialismo histórico. Desde la perspectiva benjaminiana, el conocimiento de la historia no es solamente una forma de hacer historia sino la forma de hacer historia. Para él, el pasado es una inspiración para superar los obstáculos del presente porque se toma como una enseñanza para vencer las dificultades propias del presente. Para todo esto,  “hay que hacer un giro copernicano en la forma de entender la historia”, es decir, hacer la historia a contrapelo.
Para muchos de nosotros es sabido que la teología es un herramienta muy útil en la vida civil de los judíos hasta el punto en que estas dos realidades se funden en una sola, y Benjamín no es la excepción a esta regla porque vemos que la teología y el materialismo histórico se unen para tratar de solucionar los problemas de su tiempo como lo son la socialdemocracia alemana, el fascismo, el historicismo y el stalinismo.
En esta figura filosófica (como lo es Walter Benjamín) podemos encontrar un ejemplo preclaro de la actitud a tomar con miras a la resolución de los diversos problemas que se presentan en nuestra vida tanto en una esfera pública como en una esfera privada (es decir, a nivel personal y de sociedad). La filosofía, sobre todo en la época actual, es una disciplina tan amplia que posee los medios necesarios para afrontar los problemas ideológicos y políticos que no escasean en ninguna parte del globo terrestre. De hecho, es ahora cuando la humanidad más necesita de  ella porque, al parecer, ideologías que creíamos y considerábamos como superadas han vuelto a emerger en formas variadas de política que no buscan tanto el interés y el bien común sino el bien personal y particular. En ese sentido, cabe preguntarse algo: ¿ha cambiado la humanidad o ha sido la misma a lo largo del tiempo? Como puede suponerse, no es posible dar una respuesta definitiva a la cuestión sino que la respuesta es, cuando menos, parcial porque, a pesar de que la humanidad ha logrado unas mejores condiciones y calidad de vida respecto a otros tiempos, no logrado adquirir una madurez que lo lleve a no vivir la historia de una manera cíclica sino lineal. ¿En qué puedo basarme para responder esto? Pues bien. Hay un factor, fundamental y sencillo al mismo tiempo, para contestar esa pregunta: a pesar de que las tecnologías evolucionen a pasos de gigante cada día, seguimos siendo, como en los primeros tiempos, unos lobos para nosotros mismos aunque hayamos hecho miles de resoluciones para mejorar o cambiar un poco este problema. Los sistemas políticos siguen siendo tan vulnerables como siempre porque el hombre se ve abocado al mal, y la corrupción política es una tentación frecuente en las administraciones por mucho que se haya o se pretenda hacer una u otra reforma política que, a la postre, no surte los efectos esperados por sus promulgadores.
Otra pregunta que surge, entonces, es la siguiente: ¿para qué sirve la filosofía? La filosofía sirve como una fuente de educación moral para las personas que desean ser buenas: ¡ahí tenemos la ética aristotélica! Ella nos sirve como una manera de mejorar y progresar en la virtud, que es tan necesaria tanto en la vida pública como en la privada.

“jamás se da un documento de cultura que no sea un documento de barbarie”. Para los que hemos estudiado un poco la historia, los grandes acontecimientos que han marcado la historia universal han sido preparados y determinados en su totalidad por las corrientes de pensamiento, que han engendrado todo tipo de barbaridades de las cuales el objeto principal ha sido, en todos los casos, el ser humano. Esta consigna, y la misma historia,  es una diáfana evidencia de que el progreso moral no se corresponde con el progreso en la técnica y la tecnología, que han avanzado mucho y con la que también se corre el peligro de poner al ser humano al servicio de la tecnología, y no al revés.
Las grandes catástrofes que marcaron el siglo XX no han hecho más que demostrar lo anterior. Dos guerras mundiales casi llevan a la extinción a la raza humana y, como si fuera poco, tuvo lugar la guerra fría que casi lleva a una tercera guerra junto con las amenazas que, constantemente, se vislumbran cada vez que chocan los intereses de las potencias mundiales. Podría pensarse que somos piezas de ajedrez o el campo de batalla de los países más desarrollados. En ese sentido, la filosofía puede ser la luz que a la humanidad le falta, la guía que la humanidad necesita para que el desarrollo moral se vea correspondido con el desarrollo tecnológico y técnico que vivimos cada día en nuestra sociedad, que está interconectada gracias al fenómeno de la globalización.  
Hay que saber, por demás, que existe una relación entre historia y metafísica. ¿Cuál es esa relación o, mejor, donde podemos encontrarla? Esta relación podemos hallarla en la rama de la metafísica que se llama teleología. ¿Qué es la teleología? Etimológicamente, la palabra teleología, se compone de dos raíces griegas. Una de ellas es téleos, que significa ‘fin, final’ y la otra, que es muy conocida, es lógos, que significa  ‘tratado, estudio, argumento’. Como se dijo arriba, la teleología es la rama de la metafísica que nos habla del fin[1] de las cosas, refiriéndose, específicamente, a su razón de ser y de lo que se quiere alcanzar, es decir, el propósito de algo. Dentro de las causas aristotélicas, podemos asociarla a la categoría de la causa final, que alude a aquello para lo cual se hace una cosa determinada. Pues bien. Benjamín ofrece una perspectiva muy clara sobre los acontecimientos de línea temporal, la cual podría aplicarse a lo que estamos viviendo en nuestros días: hay una pugna en los intereses de muchas minorías que toman como campo de batalla a los pueblos y regiones menos favorecidos. Incluso esto pudo verse en fenómenos como la Guerra fría: Estados Unidos y la Unión Soviética mantuvieron un conflicto diplomático que hizo que el mundo estuviera al borde de la catástrofe (cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, aclaro yo) y las preguntas que formula Benjamín y el camino que toma con respecto a la historia son tan validas hoy como ayer de tal manera que uno puede preguntarse, teleológicamente hablando: ¿acaso el finalidad de la historia humana es la autodestrucción? ¿Existe y evoluciona el ser humano solo para demostrarse que, junto a los avances tecnológicos logrados por el mismo, también tiene el potencial de autodestrucción? ¿Cuál es el papel del libre albedrío en todo esto? Hasta el momento, por cada avance tecnológico que el ser humano ha logrado también se ha hallado una nueva forma de dañarse a sí mismo. Lo cierto es que aquí, en esta cuestión, el ente que tenemos como objeto de estudio ya no es algo material sino algo tan abstracto y, al mismo tiempo, tan intrínseco al hombre como lo es la historia. Está fuera de nosotros pero, al mismo tiempo, hace parte de nosotros en cuanto que somos sujetos históricos, seres que hacemos la historia con cada una de nuestras acciones al intervenir en ella de manera directa o indirecta, de manera anónima o de forma muy explícita.        


[1] Fin de finalidad, de objetivo al cual se tiende.

domingo, 14 de octubre de 2018

Lógos: Heráclito y los orígenes de la filosofía.

En el siguiente escrito se intentara dilucidar el papel del filósofo Heráclito de Éfeso y relación dentro la historia del pensamiento occidental. También se intentará argumentar por qué la filosofía anterior a Heráclito también puede considerarse como tal. Se busca, por demás, intentar explicar un poco el pensamiento heraclitiano y su incidencia en el concepto mismo de la filosofía tanto posterior como contemporánea al pensador mismo.  

Al hablar del puesto que ocupa Heráclito de Éfeso en la filosofía occidental, hemos de referirnos a una de las figuras más importantes de la filosofía antigua pero, más precisamente, de la presocrática. Al igual que muchos pensadores, tanto los que lo precedieron y sucedieron inmediatamente, el filósofo de Éfeso intentó y propuso una nueva explicación sobre el origen de todas las cosas (arjé) pero, a diferencia de los demás, Heráclito propuso como origen de todas las cosas al Lógos.  Otro de los aspectos interesantes que posee esta figura dentro de la historia de la filosofía, así como de tantas otras, es que se opone a un origen mitológico de las cosas al decir que Homero y Hesíodo no saben nada al respecto de los orígenes de todas las cosas; lo que empezó con los pensadores anteriores a él, en Heráclito toma su continuación, pues él va en contra de una explicación poco racional del origen de las cosas de acuerdo a lo que estaban acostumbrados a oír sus contemporáneos.
Estos pensaban que los dioses eran los creadores y los orígenes de todo y daban un carácter divino a todas las manifestaciones de la naturaleza tales como los truenos y las tempestades, etc. Pero Heráclito, al hablar de la verdad, daba a entender que no bastaba con la mera explicación cosmogónica de las cosas, de la realidad misma.
Volviendo al pensamiento heraclitiano, hay una expresión que llama profundamente la atención y esta es: “todo fluye” y también: “nadie se baña dos veces en el mismo río”. Con estas reflexiones y consignas nos daba a entender que nada permanecía idéntico a sí mismo sino que, en el transcurso del tiempo, todo cambiaba, pero sin perder nada de su esencia. Heráclito es el filósofo del devenir de las cosas; los filósofos inmediatamente posteriores y anteriores a él se ocupaban del final de las cosas y de su origen respectivamente. Sin embargo, nadie se ocupaba de la distancia entre ellos, lo cual es el devenir. A pesar de su relativismo, Heráclito también nos dice que hay armonía en todas las cosas y que, precisamente por eso, nosotros podemos hacer de las cosas, de la realidad misma, objeto de nuestro estudio y nuestra razón. Nosotros, a pesar de que somos los mismos, seguimos cambiando y no permanecemos inmutables ante el paso del tiempo, y eso lo podemos comprobar en nuestra propia vida. Nacemos, crecemos, nos desarrollamos y envejecemos y, con todo eso, seguimos siendo nosotros; a esa misma armonía es a la que hace referencia Heráclito de Éfeso como soporte que hace todo sea objeto de estudio.
A pesar de todo esto, hay pregunta muy interesante que debemos hacernos al respecto: ¿podemos decir, con toda verdad, que el origen de la filosofía tiene como punto de partida el pensamiento de Heráclito o que empezó desde los primeros intentos de los pensadores presocráticos al dar un origen racional de las cosas, apartándonos de la mitología? Pues bien, tenemos que decir que sí porque, teniendo en cuenta a Tales de Mileto, aquellos primeros filósofos dieron un origen racional a las cosas; incluso podríamos decir que ellos hacían una reflexión metafísica sobre el ser y que Heráclito, a su vez, preguntaba por el ser y el devenir de las cosas aportándonos, desde ya, una categoría metafísica que se predica de todo ser: los accidentes, que siempre son inseparables al ser.
Para decir que Heráclito empezó con la filosofía o no, basta que tengamos claro qué es lo que entendemos nosotros por aquel vocablo. Algunos piensan que con Heráclito, empezó la filosofía, pero tal afirmación se aleja de la verdad porque, como cualquier otro filósofo, Heráclito (como cualquier otro filosofo en la historia universal) toma el argumento de su predecesor para rebatirlo, y aquí vemos que él toma dos cosas: en primer lugar, la mitología como origen de todo y, en segundo lugar, el problema del ser, que es la columna vertebral de la filosofía primera, cual es la metafísica.  Aunque la ciencia y la filosofía eran sinónimos, al principio de la historia del pensamiento, con el tiempo cada una de ellas adquirió su campo de estudio y status. Por eso se puede hablar de filosofía de la ciencia. No solamente Heráclito sino también los otros filósofos pusieron en tela de juicio los  orígenes mitológicos de la realidad. Heráclito de Éfeso es el primer filósofo que no es naturalista porque sabemos que sus predecesores colocaban como arjé de las cosas el fuego, el aire, el agua, la tierra y los átomos como lo hiciera, en su momento, Demócrito de Abdera y Leucipo. Todo esto, por supuesto, sin mencionar que los átomos se encuentran como los constituyentes de la materia en todos sus estados como lo sabemos gracias a la física. Sin embargo, no es momento ni lugar para hablar de las ciencias naturales sino de recalcar lo que una y otra tienen en común: ambas parten del principio de curiosidad que es innato en el ser humano. Si las ciencias se preguntan el porqué de las cosas y buscan explicarlas también lo hace la filosofía y viceversa, y es por esta razón que filosofía y ciencia iban de la mano en otrora y, de hecho, todavía lo hacen, pero de una manera distinta al principio. También podríamos decir que Heráclito consideraba como sofismas aquellas explicaciones  que se basaban en el mito y que buscaban dar una respuesta satisfactoria a los interrogantes al ser humano de aquel tiempo. Acudir al mito en esos momentos era, para los filósofos, buscar una respuesta demasiado simple a las cuestiones existenciales que, tanto ahora como en aquel entonces, hacían que el hombre se preguntara por el hecho y sentido de la existencia. Tampoco podemos argüir sin más que aquellos que buscaban en la mitología una respuesta a las preguntas del hombre eran sofistas dado que la sofistica, en la historia filosófica, aparecería mucho tiempo después, casi al inicio de la filosofía helenística.   

La inevitable conclusión a la que nos lleva todo esto es la siguiente: Heráclito de Éfeso no es el único pensador que propende por un cambio en la mentalidad de su tiempo. De hecho, cada pensador, en una etapa distinta de la historia, se propone hacer esto. De algunos, sencillamente, se podría decir que están “adelantados a su tiempo” y por eso su sociedad siempre los mira como un fenómeno o como algo que no encaja en los criterios de la humanidad de ese momento. Sin embargo, cada pensador nos deja un rastro de luz el cual nos invita a seguir adelante cada vez que nuestro horizonte parece oscurecer llegando a su final; es ahí cuando nos damos cuenta que todavía nos queda camino por recorrer. Aquí también se vale decir que subimos a los hombros de los gigantes para mirar más allá y expandir nuestro conocimiento.

jueves, 30 de agosto de 2018

¿Estaremos solos en la tierra porque la vida empezó muy temprano en la Tierra? Elpensante.com


¿Estaremos solos en la tierra porque la vida empezó muy temprano en la Tierra? [1]

Para empezar, no es la primera vez que se plantea la posibilidad (ahora se hace de una manera más creíble gracias a la existencia y descubrimientos de miles de exoplanetas en los últimos 20 años) de que exista vida en otros rincones del Universo, pero intentaré hacerlo desde una perspectiva cosmológica; en ese orden de ideas, hay datos que tenemos que poner en la mesa. El primer dato que nos importa en este momento, es la edad calculada que tiene el Universo, esto es, 13.800 millones de años. El segundo dato que tenemos es la edad de nuestro planeta y, por ende, de nuestro sistema solar que es de unos 4.500 millones de años. Astronómicamente hablando, nuestra estrella se encuentra en la edad de una persona de 45 años de vida, es decir, en la mitad de su existencia; la diferencia de tiempo entre el Universo y la Tierra es de 9.300 millones de años. Pues bien, la pregunta es ¿acaso hemos llegado demasiado temprano? Para responder ese interrogante, un científico japonés ha propuesto un estudio en el que plantea que nuestra galaxia, la Vía Láctea, está en su segunda vida, es decir, se encuentra en la segunda etapa de formación estelar[2]. Antes de continuar, es importante que tengamos en cuenta la edad de nuestro hogar cósmico (nuestra galaxia) tiene unos 13. 510 millones de años (en ese entonces, el Universo era mayor unos 290 millones de años con respecto a nuestra galaxia). Entre los postulados que nos formulan esta pregunta se encuentra la Paradoja de Fermi[3], que, resumidamente, nos cuenta que aunque existen los elementos para la vida en todo el universo no hemos podido hallarla en otros rincones del cosmos. ¿Qué es lo que sucede? Se plantean tres escenarios:
a)    Existen civilizaciones más avanzadas que la nuestra y están evitando el contacto.
b)    Existen civilizaciones menos avanzadas que la nuestra y su tecnología es, apenas, incipiente.
c)    Somos los únicos y no hay nada más que decir.
¿En cuál de estos escenarios nos encontramos? Lo más probable es que nos encontremos en el segundo escenario porque, si existen otras civilizaciones en otros planetas, estas no han sido capaces de lanzar mensajes al espacio o, en consecuencia, explorarlo y observarlo. Desde la astrobiología, podemos decir que hay muchos factores que debemos tener en cuenta para calificar a un cuerpo celeste como habitable. En primer lugar, pensamos en el tipo de estrella, su masa, su edad, su etapa vital, el tamaño de la zona habitable de la misma y luego nos fijamos en el tipo de planetas que esas mismas estrellas son capaces de ‘crear’, por decirlo de alguna manera (utilizo la palabra ‘crear’ porque la mayoría de veces los discos de acreción planetaria se forman alrededor de las estrellas). No solo se habla de planetas habitables sino también de estrellas habitables (estrellas que sean lo suficientemente tranquilas como para permitir la vida en los planetas que las orbiten) y de también de la zona habitable galáctica[4], es decir, la distancia a la que una estrella se encuentre del centro galáctico para que permita que la estrella sea cree planetas habitables. Actualmente, nuestras observaciones en el universo observable nos han permitido encontrar exoplanetas de todas las clases: desde planetas gigantes calientes hasta super-tierras, es decir planetas rocosos como la tierra, pero con una masa varias veces más grande que ella. Con todos estos datos en consideración, hay que decir que nuestro universo (en caso de que existan otros, claro está) es un universo muy joven, pero no se puede decir que seamos los únicos seres habitantes del universo. De hecho, nuestras mismas observaciones se inclinan más en ese sentido que en la posibilidad de que estamos solos. Por otra parte, surge varios interrogantes: ¿Qué hay con la primera etapa de formación de estrellas en la Vía Láctea? ¿Pudo crear, en el pasado, sistemas estelares habitables como lo hace ahora en todos sus rincones? Más aun, ¿sucede lo mismo en la galaxia de Andrómeda y en todas las galaxias del universo observable? ¿Puede aplicarse este mismo interrogante en todas ellas, teniendo en cuenta que todas las galaxias poseen las mismas características que la nuestra? ¿Acaso hubo planetas habitables en la primera etapa de formación de estrellas de nuestro vecindario cósmico? Y, de haberlos, ¿Se preguntaron lo mismo la civilizaciones que florecieron en aquella época tan remota? Como decía aquel: no sabemos si estamos solos o acompañados en el universo, pero cualquiera de las dos posibilidades es igual de inquietante.  

En conclusión, debemos tener en cuenta que la astronomía es una ciencia y, como tal, su conocimiento es verificable y rectificable pero, cada vez más, nos encontramos nos acercamos a una respuesta definitiva (y, también, positiva) a la cuestiones de marras: ¿estamos solos en el universo? Si no estamos solos en él, entonces ¿Por qué no hemos encontrado algún indicio inequívoco de vida? ¿Dónde está todo el mundo? ¿Dónde está todo el universo?







[1] https://www.elpensante.com/estaremos-solos-en-el-universo-porque-la-vida-empezo-muy-pronto-en-la-tierra/
[2] https://www.astrobitacora.com/segunda-vida-de-la-via-lactea/
[3] https://www.astrobitacora.com/por-que-no-hemos-encontrado-vida-inteligente-la-paradoja-de-fermi-y-el-gran-filtro/
[4] https://astrobitos.org/2015/11/23/buscando-la-zona-de-habitabilidad-galactica/

miércoles, 8 de agosto de 2018

Sergio Fajardo: Acabar la polarización es el gran reto de Ivan Duque(Caracol Radio)

Sergio Fajardo: Acabar la polarización es el gran reto de Ivan Duque(Caracol Radio) 

La palabra clave en este contexto es polarización. En este contexto, la palabra polarización alude a la dispersión y oposición a las ideologías que, de turno, se encargan de la administración de la máxima autoridad pública: la presidencia. Lo que pretende este candidato es acabar, de manera sutil y sin violencia, con la oposición; no obstante, hay una pregunta que salta a la vista a la que, ineludiblemente, nos aboca al siguiente interrogante: ¿se hace viable una homogeneidad en el panorama político e ideológico en el país? ¿Funcionaría que, en un país, todos pensaran de la misma manera? Basta con que lo miremos desde el ámbito interpersonal para percatarnos que, evidentemente, eso se ve escasamente: a pesar de que hemos de convivir con nuestros semejantes, siempre advertimos que nuestros pensamientos difieren el uno del otro, pero siempre procuramos agruparnos y reunirnos con aquellos que tienen una afinidad con nuestra concepción, con nuestra manera de ver la realidad que todos compartimos. Asimismo, proponer a un presidente el objetivo de acabar con la polarización resulta un poco ambicioso porque atenta contra la tolerancia, que es el respeto que les debemos a los demás por su manera de pensar y de concebir la realidad. Es como si se quisiera condicionar y exigir al otro a que piense, actúe y tenga las mismas expectativas que nosotros, lo cual resulta, a todas luces, un intento soterrado de autoritarismo por la vía política. 
A ese respecto, la pluralidad, la democracia, la descentralización y la participación están amparadas desde el título primero, artículo primero, de nuestra Constitución política colombiana. Lo que nos importa aquí es la cuestión de la pluralidad; por esa razón, tenemos que advertir la homogeneidad política e ideológica no funciona en ninguna parte del globo terráqueo: los países que se hallan bajo esta premisa se encuentran abocados a las dictaduras y a los regímenes autoritarios que pretender absolutizar el poder. Estas maneras de gobernar se encuentran obsoletas, y un ejemplo preclaro de todo esto es el hecho de que el pueblo francés, en 1789, se haya rebelado contra el Antiguo Régimen, que era la monarquía absoluta de Luis XVI de Francia. Sin embargo, no basta con remontarnos a algo acaecido en el siglo XVIII; hay que mirar las situaciones contemporáneas que están más cerca de nosotros: estos panoramas evidencian que los intentos y los estados dictatoriales tienen, como medio de conservación, la represión y otras formas de ir contra lo que se oponga o difiera con la ideología dominante en el gobierno. 
Unificar al país no significa pretender que todos pensemos igual en el ámbito de la política o en otro que venga al caso, sino todo lo contrario: ejercer y vivir la tolerancia en medio de la diferencia. En ese sentido, la historia de Colombia (desde que es tal, por supuesto) nos ofrece muchas pruebas y acontecimientos que nos refieren que siempre se recurre a la violencia como un método de imposición ideológica: el primer acontecimiento que se puede mencionar, a este respecto,  es la guerra entre federalistas y centralistas, dirigidos por Camilo Torres y Antonio Nariño respectivamente. Mirando esa absurda pugna, podemos darnos cuenta de que lo que necesitaba nuestro país en ese momento era el esfuerzo mancomunado de estos dirigentes para quebrar el yugo español en una época conocida como la Patria boba. Este título es concedido a un período en que nuestros desacuerdos personales  primaron sobre el bien común de nuestra patria, y lo mismo se vio reflejado en la pugna acontecida en los siglos XVIII y XIX entre liberales y consevadores. Es lastimoso que solo para el fútbol seamos capaces de decir: UNIDOS POR UN PAÍS cuando ni siquiera podemos respetar a nuestro semejante si lleva la camisa de otro equipo futbolístico. Colombia es el único país en toda la faz de la tierra en que se presenta este problema de la intolerancia, en el que la vida de las personas es puesta a merced de una afición mal llevada por muchos. Esto solamente es uno de tantos puntos a los que sí debería prestarle atención nuestro nuevo presidente: el procurar que la tolerancia sea el verdadero motivo de unión de todos los colombianos, no el pretender que todos pensemos igual solo porque él esté con la sartén por el mango en este momento.