lunes, 21 de mayo de 2018

El concepto del hombre en el pensamiento oriental

¿QUÉ ES EL HOMBRE?

Para muchas culturas a lo largo y ancho del mundo, uno de los interrogantes más recurrentes ha sido, desde siempre, sobre el lugar y el papel del hombre en el mundo, sobre su misma esencia y también de sus límites en cuanto que es un ser consciente de su propia mortalidad. Hablar del hombre (es decir, del ser humano) es uno de los temas que tienen en común todas las culturas humanas: todas tienen, cada una a su manera, una antropología que los identifica y distingue de las demás culturas y que la hace particular y única. Los griegos, encabezados por Platón e influenciados por los tracios, decían que el hombre era, esencialmente, un “alma encerrada dentro de un cuerpo mortal, sometido a pasiones y deseos que van en contra del alma” dándole, así, un sentido trascendental a la existencia humana. Sin embargo, el concepto filosófico del hombre no termina ahí. San Agustín, siguiendo las líneas platónicas, también dirá que el hombre es, esencialmente, alma.   Aristóteles, en cambio decía que el hombre es un animal político, que crece y convive junto con los demás hombres, los cuales son semejantes. Este pensador también creía que el hombre es un ser ético, pues aducía en los primeros renglones de la ética a Nicómaco “que toda acción y libre elección parecen tender a algún bien; por esto se ha manifestado, con razón, que el bien es aquello hacia lo que todas las cosas tienden (EN 1,1). Por otra parte, Aristóteles difería con su predecesor y maestro filosófico en su opinión sobre el hombre: el hombre es un compuesto de alma y cuerpo, y este será el concepto definitivo del hombre que ha llegado hasta nuestros días. Sería oportuno, por demás, mencionar que filósofos modernos como Descartes también hablaron del hombre como cuerpo y alma.
No obstante, aquí está latente un interrogante ¿a qué se refiere la filosofía cuando habla del hombre como un ser que ocupa un espacio en el mundo? ¿Se refiere, exclusivamente, a los individuos del sexo masculino? Afirmar tal cosa seria un mero reduccionismo filosófico, pues la antropología (y también la filosofía) alude al ser humano en general, es decir, al hombre y a la mujer. Ahora bien, aparece otra incógnita no menos importante en este asunto ¿Cuál es concepto del hombre (ser humano) en oriente? ¿Qué papel desempeña el ser humano en estas culturas?

¿CUÁL ES EL CONCEPTO DEL HOMBRE EN LA FILOSOFÍA NO OCCIDENTAL?
En este apartado merecen especial mención la cultura egipcia, la cultura árabe y la cultura hindú.


CULTURA EGIPCIA

La población egipcia es muy mezclada. Al parecer, llegaron unos grupos camitas a través de Libia, semitas procedentes de Asia y nubios procedentes de Nubia y Sudán. Con el tiempo se creó un tipo bastante homogéneo que constituyó al pueblo egipcio. El egipcio tenía cráneo redondeado o ligeramente alargado, rostro un tanto oval, ojos negros y brillantes y cabello negro; era más bien alto, esbelto y musculoso. Las mujeres eran esbeltas, se preocupaban mucho por su apariencia y sabían utilizar todo tipo de perfumes, cosméticos y ungüentos. Un aspecto de la cultura y la religión del antiguo Egipto era la firme creencia en la vida de ultratumba. La muerte no era más que la transición a un nuevo modo de vivir. Se creía que la personalidad estaba formada por cuatro elementos, dos materiales-el cuerpo y la sombra- y dos espirituales -el ka y el ba.


CULTURA ÁRABE

El concepto del hombre en la cultura árabe está íntimamente influenciado por la filosofía aristotélica, gracias a que en medio oriente se tradujeron al árabe todas las obras de este filósofos para su posterior transmisión al occidente, lo cual se logró porque santo Tomás de Aquino estudió y cristianizó la filosofía del estagirita. ¿Qué pensaba Aristóteles del ser humano? Que era un compuesto formado por cuerpo y alma. El hombre, para él, también era un ser ético y un animal político, idea siempre contrapuesta al pensamiento platónico.     


CULTURA HINDÚ

La variedad y riqueza de la experiencia humana, capaz de experimentar los dolores más abyectos y las afinidades más sublimes, sitúa al hombre en una posición privilegiada en todo este entramado. Dentro de esas capacidades para la acción, la tradición budista establece una jerarquía de los seres en función de su sensibilidad, que sirve de teodolito para clasificar las complejidades de lo vivo. Larvas que sólo gustan, gusanos que únicamente palpan, peces que oyen pero no huelen, espíritus que sólo ven lo invisible, seres capaces de reflexionar el universo…  Cuanto mayor es el número de sentidos disponibles, más capaces son los seres de conocer la naturaleza del mundo. Cuando, en el hombre, esta sensibilidad se refina, entonces se hace posible el tránsito a ámbitos más allá de la forma. Paradójicamente, la sublimación de la sensibilidad es el puente para la superación de lo sensible.


Como se puede ver en este escrito, el concepto del hombre tiene muchas semejanzas ya sea entre países de una misma región o entre las diversas regiones de todo el planeta. La cuestión que todas las culturas del mundo tienen en común es que el ser humano es, a diferencia de los otros seres, un ente trascendente y con un alma inmortal y espiritual. Preguntarle a la humanidad sobre el hombre es encontrar diversas opiniones que confluyen en los diversos puntos que se han mencionado arriba. El ser humano, a lo largo de su devenir histórico, siempre se ocupado en tener una autoconsciencia de sí mismo y del lugar que tiene en el cosmos. En ese sentido, los descubrimientos que se van haciendo con el paso del tiempo hacen que el hombre vaya descubriendo su lugar a medida que avanza en estudio del cosmos: el hombre ya no se cree un ser especial pues ha descubierto que los procesos de la vida que se han dado el planeta también se pueden dar y, de hecho, se dan en regiones descubiertas (cercanas o lejanas) del cosmos que apenas están descubriendo. Si relacionáramos al ser humano y el cosmos, surge una pregunta: ¿Por qué debería importarme la astronomía? ¿Cuál es la relación entre el hombre y la astronomía? Los astrónomos dicen que el hombre, al estudiar el universo, puede descubrir que pertenece a algo más grande que él; la astronomía nos dice que el hombre pertenece al universo y que no se puede desvincular del mismo, y eso nos lanza o, mejor dicho, coloca frente a nosotros interrogantes como: ¿de donde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Cuál es el sentido de nuestra existencia como especie y como individuos? Para poder responder estas preguntas, basta con mirar un poco la realidad de nuestro tiempo: por una parte, buscamos y tratamos de fomentar la paz pero, al mismo tiempo, nos encontramos con rumores y actitudes que ponen en peligro la paz y los buenos intentos para que el ser humano sea cada vez mejor persona y no sea un lobo para el propio hombre.      

lunes, 30 de abril de 2018

Hermenéutica e interpretación


¿CÓMO LA HERMENÉUTICA ANALÓGICA PUEDE EVITAR LAS FALLAS TANTO DEL UNIVOCISMO COMO DEL EQUIVOCISMO EN LA INTERPRETACIÓN?

El presente ensayo, sobre hermenéutica y analogía,  pretende demostrar la viabilidad de los múltiples puntos de vistas a la hora de interpretar un texto. El autor piensa que es necesario tener en cuenta la intencionalidad del autor para hacer una correcta interpretación del texto. Aquí surgen preguntas como: ¿Quién escribió el texto? ¿A quién va dirigido? ¿Por qué lo escribió? ¿Cuándo lo escribió? En ese orden de ideas, hay que decir algo muy importante: en un mundo mediatizado por las tecnologías es necesario intentar recordar estos interrogantes a la hora de interpretar un texto, ya sea sagrado o profano. Estas preguntas, y el arte de interpretar un texto cualquiera, son los principios elementales para la lectura crítica; es como si la hermenéutica y la lectura crítica fueran de la mano. De hecho, tanto una como otra están relacionadas entre sí. No se puede hablar de lectura crítica sin interpretar un texto ni se puede interpretar un texto sin la indispensable herramienta de la lectura crítica.
Así como en el ámbito moral es muy importante la intencionalidad de los actos de los sujetos morales, la intencionalidad al momento de escribir, por parte del autor,  es muy importante. Para la lectura crítica y, por ende, la interpretación es necesario tener en cuenta el momento en que se escribió el texto. Cuando tenemos en cuenta este factor, descubrimos que el autor nos comenta cómo eran las cosas en su tiempo y en su cultura. Por ejemplo, si consideramos el escrito aristotélico De caelo podemos saber cómo era el concepto que el hombre de aquella época tenia del universo y por qué se creían aquellas determinadas cosas en la antigüedad y nos permite entender, de mejor manera nuestro concepto actual sobre un tema en especial como el universo, en este caso particular. En la antigüedad creíamos que la tierra era el centro del universo, que el sol y los planetas giraban en todo de ella, que no podría haber planetas en torno a otras estrellas y ni siquiera nos preguntábamos si podría haber vida en otros mundos; a día de hoy, sabemos  que la tierra no es centro del universo, que es la tierra la que gira alrededor del sol, que hay planetas orbitando otras ellas (en astronomía, los conocemos como exoplanetas), que existen muchísimas otras galaxias a diferencia de la nuestra y, ahora mismo, nos preguntamos cómo sería la vida (en caso de que exista, claro está) en otros planetas o es si ella es tal y como la conocemos en la tierra.
Este mismo ejemplo de interpretación y lectura crítica podríamos aplicarlo a textos de muy diversa índole pues, aun dependiendo de cada particularidad, se presentan los mismos elementos. En cuanto más se sepa del autor, así mejorará la calidad de la interpretación de sus obras.
Enfocándonos más en la interpretación textual en sí misma, es preciso tener en cuenta el criterio de verdad o de validez interpretativa para poder determinar el nivel de validez de una interpretación dada. Es decir, cuánto puedo acercarme a la verdadera intencionalidad del autor cuya obra trato de interpretar o allegarme. Con respecto a que cualquier interpretación es válida, tengo mis reservas porque no es posible que alguna persona escriba algo solo porque quiso hacerlo; todo autor refleja en su obra una intencionalidad determinada y sería una injusticia textual creer lo contrario. Para poner otro ejemplo, recuerdo la ética a Nicómaco.  Esta obra, como su título lo dice explícitamente, se dirigía a Nicómaco, que era hijo del filósofo y le enseñaba lo que era la virtud y cómo podía aplicarla en su vida diaria. La intencionalidad del autor, aquí, se deja ver con toda claridad: Aristóteles escribió este libro para que su hijo supiera cómo ser virtuoso y la mejor y más correcta manera de conseguirlo. Y lo podemos aplicar a nosotros mismos. Además, un texto tan específico como ese no da pie para ninguna duda en cuanto a intencionalidad de parte del autor se refiere. A pesar de que puede haber una claridad a este respecto y como en las palabras en una conversación diaria, las obras escritas también tienen una tendencia a la tergiversación de la intencionalidad con que es redactada cada palabra de un escrito cualquiera, pero esto se debe a una aproximación marcadamente subjetivista con respecto a la obra seleccionada para su posterior interpretación. Es reduccionista considerar las cosas exclusivamente desde el punto de vista del sujeto cognoscente (el intérprete de una obra) sin tener en cuenta el objeto del cual se hace la interpretación (el autor, su obra y la intencionalidad con que escribe); es como si no se quisiera captar verdaderamente lo que el autor quiere decirle al sujeto interprete y solo se enfocara en sí mismo, como no debería ser…
Algunas personas afirman que, para poder aprehender e interpretar correctamente  un texto en concreto, hay que leer el documento más de una vez. Según ellos, esto sería conveniente para que podamos captar la magnitud del pensamiento del autor que estemos consultando en un momento determinado.  
Como lo decía más arriba, la intención con que se escriben muchas cosas en una sociedad tan mediática como la nuestra tiene mucho que ver en cuanto a credibilidad se refiere: el flujo de información, verídica o falsa, es más rápido que antes de la existencia del internet. Ahora tenemos mayor acceso a cualquier tipo de información que en otrora, y por esto se hace más imperiosa la interpretación la objetividad con toda la información a la que podamos recurrir.
Entonces, ¿tienen que estar contrapuestas, necesariamente, interpretación textual y lectura crítica? Para poder responder a esta pregunta como es debido, es necesario recordar qué es lectura crítica. Cuando hablamos de lectura crítica hablamos de un tipo de lectura que tiene en cuenta muchos factores que también usa la interpretación textual o hermenéutica pues, para una y para otra, se necesita saber quién era el autor, cuando escribió su obra, cuál era su intencionalidad y por qué escribió eso. ¿Por qué se puede caer en esa contraposición? Sencillamente porque en la hermenéutica o interpretación textual solo necesitamos entender qué era lo que quería decir el autor; mientras que en la lectura crítica, además de tener en cuenta lo que nos dice el autor, es necesario considerar nuestra postura con respecto a lo que se nos presenta o al objeto de nuestro conocimiento. Ahí es cuando entra en acción el subjetivismo adecuadamente: se trata de ejercer una posición, ya sea de asentimiento u oposición, argumentada y claramente con respecto a un tema en particular.  He aquí la clara diferenciación entre una y otra cosa, aunque tengan mucha relación cuando se trata de afrontar un texto determinado.  

viernes, 16 de marzo de 2018

J. Grodin. ¿Qué es la Hermenéutica?


¿QUÉ ES LA HERMENÉUTICA?

En el presente escrito intentaremos dilucidar que es la hermenéutica y los diversos conceptos que, a lo largo de la historia, le son atribuidos por los diversos pensadores que caracterizaron cada época histórica en particular. Además, es importante que contrapongamos estas opiniones para advertir la situación de la hermenéutica a lo largo de la historia que, al igual que otras disciplinas filosóficas, se ha visto influenciada también por las ideologías que surgieron en cada momento.

En este sentido, la pregunta que, necesariamente, surge como asunto principal es: ¿Qué se entendía originalmente como hermenéutica? Y también ¿Cómo ha cambiado este concepto a lo largo de los siglos hasta nuestros días? Para empezar, hay que decir que la misma hermenéutica es objeto de interpretación pues, para unos, significa una cosa y para otros, otra como lo veremos a continuación:

Ø  En el sentido clásico del término, la hermenéutica designaba en otro tiempo el arte de interpretar los textos. Esto se ha visto en ciencias como la teología, la hermenéutica del derecho, y la filología.
Ø  Para Dilthey, la hermenéutica sigue teniendo el mismo significado, pero añade algo más: esta ciencia puede servir como fundamento metodológico para todas las ciencias del espíritu.  La hermenéutica se convierte, entonces, en una reflexión metodológica sobre la pretensión de verdad y el estatuto científico de las ciencias del espíritu.
Ø  La tercera concepción de la hermenéutica adopta la forma de una filosofía de la interpretación. Su idea fundamental es que la comprensión y la interpretación no son únicamente métodos que es posible encontrar en las ciencias del espíritu, sino procesos fundamentales que hallamos en el corazón de la vida misma. Sin embargo, Heidegger piensa que la hermenéutica, en principio, no tiene nada que ver con los textos sino con la existencia misma, henchida ya ella misma de interpretaciones, pero que aquella puede iluminar. La hermenéutica, entonces, se encuentra al servicio de una filosofía de la existencia, llamada a despertarse a sí misma. Se pasa así de “una hermenéutica de los textos” a una “hermenéutica de la existencia”.        



Como se mencionaba anteriormente, la hermenéutica ha cambiado de acepción para los diversos pensadores a lo largo de la historia, pero vale preguntarse: ¿es posible pasar de una hermenéutica textual a una hermenéutica existencial?


Antiguamente, la ciencia hermenéutica era, simple y exclusivamente el hecho y el arte de interpretar textos sagrados, como lo propuso san Agustín en su obra De doctrina christiana y también como lo mencionó en su libro las Confesiones, especialmente en los capítulos alusivos al hecho de la creación. Esta ciencia de la interpretación tomó el nombre de Hermenéutica en el siglo XVII gracias al teólogo de Estrasburgo Johann Conrad Dannhauer.  
Sin embargo, hay que mencionar que una de las características sobresalientes del medioevo era que todo giraba en torno a la idea de Dios, la naturaleza religiosa del hombre, pero en armonía completa con la razón. De modo que la fe y la razón estaban armonizadas; de hecho, se dice que en ese periodo de la historia existió una armonía que no se ha visto en otro periodo dentro de  ella. Este hecho anterior nos evidencia la conexión existente entre la antigüedad y el medioevo: lo que en la primera se sabía, en la segunda se empezaba a analizar e interpretar para dar una visión más completa de la realidad en la que el hombre de aquel tiempo vivía.

Cuando llegó el Renacimiento, también hizo su aparición el antropocentrismo. Era una época en que el hombre se redescubría a sí mismo, empezaba a tener otro concepto de si más amplio que solamente ser criatura de Dios y también empezó la pugna entre la fe y la razón.   El hombre empezó a ocuparse de sí mismo y ciencias como la hermenéutica, que eran solamente aplicadas a los textos sagrados, empezaron a tener un objeto de estudio más amplio y universal sobre todo a partir del siglo XIX. Gracias a las continuas aportaciones de Schleiermacher, la hermenéutica dejó de ser una ciencia auxiliar para convertirse en una ciencia con método propio. Viendo todos estos antecedentes, podríamos creer que la hermenéutica estaba atrapada en un reduccionismo porque solamente se aplicaba en la interpretación de los textos sagrados, como se sigue haciendo ahora. Volviendo a la universalización de la hermenéutica, se puede decir que ha ganado más terreno en este tiempo que antes; la lectura crítica es una herramienta muy preciada para la hermenéutica, pues nos proporciona elementos importantes para una correcta interpretación del texto que nos encontramos.

Llegados a este punto, emerge una pregunta ineludible: ¿estuvo bien que el hombre y la hermenéutica comenzaran a tener una visión más universal de la realidad? Yo pienso que si porque ciencias como la hermenéutica tienen ámbitos más amplios a los que puede llegar. Es más, podría pensar que el hombre, sobre todo a partir de la edad moderna, ha podido volver la mirada sobre sí mismo cuando el tema predominante de la edad media era la idea de Dios. Sin embargo, no estoy excluyendo esa idea de la mente de los hombres sino que quiero incluir el resto de la realidad; el hecho de que consideremos la idea de Dios no significa que debamos fijarnos exclusivamente en él, pues el hombre es un ser que se encuentra en el mundo  y que, por demás, hace también parte del mismo: basta con despertar todos los días y ver que el sol nace y también que se pone en el ocaso cuando llega la noche. La realidad, y el mundo que lo compone, nos rodean innegablemente.

Todo esto se encuentra presentado organizadamente, pero también hay que tener en cuenta la incidencia de la filosofía contemporánea teniendo como representante principal el posmodernismo o posmodernidad. ¿Qué es esto de la posmodernidad? Para empezar,  tenemos que señalar que posmodernidad es un periodo que está viviendo la filosofía en estos últimos tiempos. Se caracteriza por un cuestionamiento de todas nuestras posiciones a nivel artístico, filosófico e histórico que propugna por la deconstrucción de todo lo que se ha ido construyendo a lo largo de la historia y, como no podía ser de otra manera, también la hermenéutica ha sido alcanzada por esta nueva ideología. ¿En que afecta esto a la hermenéutica? No podemos pasar por alto que Heidegger pensaba que la hermenéutica no tiene nada que ver con lo que sabemos hace parte esencial de esta ciencia: los textos, que son el objeto y campo de trabajo de ella. Pero eso no es todo. Nietzsche ya había dicho: “no existen hechos, sino solo interpretaciones”.  Esta parece ser la frase que anima todo el trabajo de esta ideología contemporánea como lo es la posmodernidad. Claramente se ve que esto atenta contra la razón de la misma hermenéutica textual para convertirse, de esta manera, en una hermenéutica de la existencia. Esto quiere decir que no hay verdades absolutas y que todo es relativo de acuerdo a la óptica desde la que se mire la realidad. Aquí vemos que el relativismo de los profetas de la sospecha ha tocado también a la hermenéutica porque nos vemos abocados a cuestionar nuestros valores y principios de nuestra relación con el mundo y con nuestros semejantes. Sin embargo, la posmodernidad no es un efecto o consecuencia de nuestra realidad sino un reflejo de la época en que nos ha tocado vivir: nos encontramos en unos tiempos marcados por corrupción política y problemáticas sociales que nos aquejan e interpelan como seres humanos. Seria de locos intentar negar la crisis en que nos encontramos, pero tampoco es cuerdo que tengamos un sentimiento de derrotismo creyendo que esta situación es irreversible, pero esta cuestión es algo que pertenece a otros escritos.

La hermenéutica, como acabamos de ver, se ha visto alcanzada por la ideología característica de nuestros días por parte de los existencialistas que, olvidando los textos, quieren hacer una implicación directa entre la existencia y la hermenéutica pasando por alto la esencia de esta ciencia: el texto escrito. Por lo tanto, digo que una hermenéutica existencialista no es viable porque el texto es algo intrínseco y esencial para la hermenéutica.
  

martes, 6 de marzo de 2018

La hermenéutica y la astronomía


La hermenéutica y la astronomía 


En primer lugar, hay que tener claro qué significa hermenéutica.  Sabemos, por trabajos anteriores, que la hermenéutica tiene su origen en la Grecia Antigua. Etimológicamente hablando, viene de Hermes, el mensajero de los dioses olímpicos porque este dios era el encargado de dar a los hombres los mensajes que provenían de los dioses. En la actualidad, de manera mucho más clara, nos vemos abocados a cuestiones que tienden a ser interpretables. Un ejemplo claro de ello puede ser  la época electoral en un país, un descubrimiento astronómico importante como un planeta potencialmente habitable o el hallazgo de planetas en otras galaxias del universo, entre otros.
           
Detrás de todas estas noticias, se encuentra el significado que tienen todas estas cosas. En ese sentido, cabría preguntarse: ¿Qué significa haber descubierto un planeta habitable en nuestra propia galaxia? O ¿Qué significa que hayamos descubierto planetas extra -galácticos[1]?
Cada vez que los astrónomos encuentran algo como un planeta alrededor de otra estrella, fenómenos como los agujeros negros, estrellas de neutrones y cosas parecidas nuestro conocimiento del universo mejora y, en cierta medida, verifica o confirma lo que ya sabíamos con respecto a un tema astronómico en particular. Por ejemplo, hace más o menos 100 años, Einstein predijo la existencia de las ondas gravitacionales  y ahora, en tiempos recientes nuestros telescopios en todo el planeta han podido detectarlas y también observar los fenómenos que las causan: el choque de estrellas de neutrones y los agujeros negros. Con respecto a la verificación de nuestro conocimiento del universo, se contrapone la cantidad de estrellas enanas rojas (las más abundantes del universo)  y los problemas que una estrella como esta, si es inestable y peligrosa para la vida, puede causar. Con respecto a eso, siempre existen los extremistas o las personas que hablan muy precipitadamente, olvidando un principio científico vital: el análisis y la observación. Hay muchos que se aventuran a decir que por haber encontrado un planeta en la zona habitable de su estrella vamos a encontrar vida alienígena ya sea simple o compleja: nada más alejado de la verdad. No es queramos negarlo sino más bien intentar ser objetivos con la noticia y con los resultado que de ella, puedan derivar, las implicaciones que una u otra respuesta puedan ofrecer a todas las personas interesadas en ese asunto. Es como si hubiese una predisposición hacia la realidad de encontrar extraterrestres. De encontrarlos algún día, nuestra concepción del universo daría un giro astronómico. Además, muchos de nosotros consideramos (incluso yo, dicho sea de paso) que el universo es tan grande como para que seamos nosotros los únicos que lo habitemos. De hecho, las similitudes que hemos  encontrado en otros sistemas solares, con respecto al nuestro, nos hacen pensar que la vida debería ser algo habitual y común en el universo. Una de las razones por las cuales el ser humano se ha creído un ser especial en su existencia en el universo es precisamente eso: hasta ahora no hemos hallado inequívocamente una evidencia que afirme o, en su defecto, niegue por completo una u otra cosa. Hasta hace unas décadas solamente creíamos que no podría haber planetas en torno a otras estrellas y, en cambio, a día de hoy hemos descubierto miles de ellos con nuestros telescopios en otras regiones de nuestro hogar cósmico. Ese es el panorama de esta ciencia sin añadir que hemos descubierto planetas en otras galaxias; eso ayuda, como dije más arriba, a confirmar y verificar lo que ya sabíamos del universo: teorizábamos que, como la nuestra, debía haber galaxias que tuvieran planetas que orbitaban otras estrellas parecidas o distintas a nuestro sol, galaxias que tuvieran los mismos objetos astronómicos como los que existen en la nuestra. Esto me constriñe a pensar que la vida debe ser algo más común y frecuente de lo que nuestros telescopios han podido detectar hasta el momento. Considerando este asunto, es más probable que la respuesta a la pregunta sobre la existencia vida en otros mundos se incline más hacia la evidencia que a la duda. Aunque las probabilidades de que esto vayan en aumento, solamente el tiempo nos dirá quién tiene la razón: hace poco tiempo creíamos que no había más planetas y hoy hemos descubierto mucho más que solamente planetas ¿Qué nos deparara el futuro? Es algo que, queramos o no, vamos a descubrir en los años posteriores.     


[1] Se llaman extra-galácticos aquellos planetas que se encuentran ubicados en otras galaxias diferentes a la Vía Láctea. Véase: https://www.astrobitacora.com/primeros-exoplanetas-extragalacticos/

miércoles, 27 de diciembre de 2017

¿TIENE EL 'ANIME’ QUE VENIR DE JAPÓN PARA SER LLAMADO ‘ANIME’?

¿TIENE EL 'ANIME’ QUE VENIR DE JAPÓN PARA SER LLAMADO ‘ANIME’?[1] 

En primer lugar, hay que notar una diferencia básica, elemental, entre manga y anime. Manga es el equivalente japonés al dibujo de historietas de revistas originales del Japón; manga es como el dibujo de historietas originarias estadounidenses que nosotros llamamos comics en América y Europa. Etimológicamente hablando, la palabra anime es la abreviatura de la palabra animeshon, que es la palabra utilizada en el Japón para aludir a todo género de animación indistintamente de su procedencia.  
En ese orden de ideas, continuemos con la cuestión principal: ¿tiene el ‘anime’  que venir de Japón para ser llamado ‘anime’?
Si la respuesta es afirmativa, entonces tendríamos que decir que la pizza que se hace en Italia es la única que merece ese nombre: nada más alejado de la verdad. Aunque es cierto que la pizza proviene de ese país, no quiere decir, exclusivamente, que las pizzas que se cocinan en otras partes no sean tales simplemente porque no son hechas en Italia o porque no tengan la harina y los demás ingredientes que se usan allá. Otra analogía para para este asunto es algo cuya máxima celebración tiene lugar cada cuatro años: el futbol. Si me lo preguntas, estuve sorprendido al saber que el futbol tiene su origen en Inglaterra, y este deporte se practica en todos los países del mundo: existe el futbol colombiano, francés, la liga española, el futbol argentino, la Serie A (futbol italiano), premier league (futbol inglés), la bundesliga (futbol alemán), entre otros.
Si nos fijamos en lo anterior, nos damos cuenta que este deporte y que este platillo no toman su nombre del lugar donde se origina sino que su nombre proviene, directamente, de su esencia, es decir, de aquello que hace que algo sea eso y no otra cosa. Entonces, viene la pregunta: ¿Qué es lo que el anime sea y no otra cosa? Ante todo, tenemos que recurrir a la técnica para dibujar manga: todo lo que se realice con esa técnica se llama manga y su animado se llama anime, como ya mencioné arriba. Asimismo, no he tenido que documentarme mucho para darme cuenta que es, inútilmente, un tema controversial; los participantes de este debate se están ahogando en un vaso de agua en una cuestión tan sencilla como esta. Aunque debe notarse que el manga es producto de la cultura japonesa, es una técnica que puede ser usada por otras personas que no sean japonesas para hacer ese tipo de dibujo (por cierto, me cuento entre ellos porque yo también dibujo manga, y me gusta), así como si dibujara cartoon (que es una técnica de dibujo americana). Tratare de ser más claro en este sentido: el futbol también es tal tanto si se practica en Colombia como si se practica en España o Inglaterra, que es su país original.
Una muestra clara sobre la veracidad de lo que digo es el hecho que Marvel comics haya realizado una versión anime de Wolverine: sabemos que el origen de guepardo es de procedencia occidental; lo único que cambio aquí, realmente, fue la técnica en que lo dibujaron: un manga convertido en anime[2].  Siendo esto evidente, resulta inútil preguntarse si el dibujo tiene que venir, exclusivamente, del Japón para llamarse manga y, así, anime. No hace falta ser un fanático o experto en tiras de historietas para saber que Los hombres X son occidentales: hemos crecido sabiendo que Marvel es su creador original.

En consonancia con lo anterior, concluyo que el dibujo no tiene que proceder del Japón para llamarse manga y, en su defecto, anime.  








[1] http://fandom.wikia.com/articles/anime-japanese-poll?li_source=LI&li_medium=wikia-rail
[2] http://marvel.com/tv/show/171/wolverine_anime

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Hijos del Cosmos: el futuro del ser humano. Astrobitácora.com

Hijos del Cosmos: el futuro del ser humano[1]

Una de las cosas que la astronomía, casi forzosamente, hace es hablar de la identidad humana: explorar el universo observable cada vez más está encaminado a descubrir el lugar del ser humano en el cosmos, cuál es el sentido de la vida y del momento en que, en el universo, se halla él. En esta entrega, que es la primera, Alejandro Rivero nos hace un retrato de la realidad en que vive el ser humano y de la identidad del mismo: empieza desde el inicio del universo y la aparición de los dinosaurios hasta el surgimiento de la raza humana: es un grupo de cazadores y recolectores que, al mismo tiempo, tiene rivalidades consigo mismo. Hace un retrato del ser humano inmerso en la totalidad del cosmos a lo largo del devenir de la historia; reprocha, al mismo tiempo, el hecho de que queramos saber más de aquellos que nos de-construyen como humanos a aquellos que aportan más a nuestra condición humana y también que la curiosidad se haya quedado adormecida quedándonos, así, en la piel del conejo. Sin embargo, también hace un llamado a que recobremos el sentido de nuestra identidad humana, de todos somos iguales. También da enfoque interesante: ¿de qué nos sirve que avancemos en la carrera espacial si eso no nos ayuda como seres humanos? 
Pero la cuestión no termina ahí: tiene un optimismo real sobre las posibilidades del ser humano. El autor alberga la esperanza de que seamos, algún día, una especie en vía de expansión, una civilización interestelar; él sabe perfectamente que eso está en nuestras manos, y de nadie más. De nosotros depende evolucionar o involucionar; son dos posibles opciones que se encuentran al final del sendero de nuestra existencia como especie. Para su lectura, os dejo el enlace a continuación: 
https://www.astrobitacora.com/hijos-del-cosmos-envueltos-en-la-oscuridad/



jueves, 2 de noviembre de 2017

Winston Churchill y la vida alienígena


Winston Churchill y la vida alienígena[1]


Por la historia, sabemos que Winston Churchill fue un diplomático inglés durante los crudos tiempos de la Segunda Guerra Mundial, fue primer ministro del Reino Unido en dos periodos. Sin embargo, lo que muchos de nosotros no sabíamos hasta el momento es que este hombre era también un hombre apasionado por la ciencia. Eso lo podemos comprobar con su ensayo sobre la vida alienígena (el título de este artículo se refiere a ello, precisamente). Él decía, en su escrito, que las mismas leyes y procesos se daban en todo el universo, y esto ha sido descubierto por los astrónomos hoy en día. Antes de entrar en materia, debo decir que, inicialmente era un tema que pasaba por alto; luego supuse que en un universo tan grande era imposible que no hubiera otras formas de vida distintas a la nuestra y después llegue a la conclusión de que es posible, pero hasta ahora no hemos encontrado nada…
La cuestión sobre la vida alienígena ha sido una constante quizá de toda la historia pero, de manera más recurrente en el siglo XX y también en este siglo XXI; de hecho, hay algunos alienígenas mundialmente famosos como Superman y su prima, Superchica. Cuando se hacen obras ciencia ficción con este tema (ya sean series o películas) siempre nos encontramos que estos extraterrestres poseen muchas de nuestras características humanas, como nuestra apariencia física, por ejemplo (a fin de cuentas, solo podemos hablar de lo que conocemos; de lo que ignoramos, es mejor callar) porque solamente podemos hablar o conjeturar sobre ese tema desde nuestra perspectiva humana. Las emociones y sentimientos que estos seres extraterrestres experimentan en su día a día son las mismas que podemos albergar los seres humanos (de hecho, sabemos que Kal-El, en las historietas, fue criado por unos granjeros de Kansas) en cualquier momento de nuestra vida. ¿Quién no ha sentido enojo o tristeza por algo desagradable alguna vez?

Una de las razones por las que series televisivas como Smallville me parecen atractivas fue precisamente esa: el hecho de que un niño venido de las estrellas, procedente de un extinto planeta, aterrizase en un pueblo cualquiera de la tierra en una lluvia de meteoritos empezase a convivir entre los humanos y a pensar sentir como ellos, cuando sabíamos perfectamente que no lo era,  habla mucho de que el termino alienígena resulta ser algo muy relativo (lo dije antes, solo podemos hablar desde nuestra perspectiva humana y lo seguiré diciendo), pues vemos que él cree que es un humano ‘diferente’ hasta que su padre adoptivo le dice que llegó en una nave espacial en una lluvia de meteoritos algunos años atrás. Sin embargo, para que pudiera proteger su secreto y así mantener a salvo a las personas cercanas a él, tuvo que acostumbrarse y esconderse en las sombras hasta que se revelase al mundo como El hombre de Acero que todos conocemos…no obstante, el asunto no termina ahí. Hubo un arco argumental en esta serie titulado ‘Alien’ en el cual Superman revela su verdadera procedencia: ‘Soy Kal-El de Kriptón’, son las palabras que utiliza al presentarse con el presidente de Estados Unidos en el comic (me gustaría decir que fue mi primera experiencia leyendo comics y, de hecho, me gustó mucho eso). Esta revelación para el mundo fue algo aterrador: meses anteriores, me refiero al tiempo en la historieta, él había salvado la tierra de sufrir el impacto de un planeta tan masivo o incluso mayor que Saturno (uno de los más grandes de sistema solar exterior). Ellos creían que era un super-humano por su apariencia física, pero después que su linaje extraterrestre  saliera a la luz los que al principio lo admiraban como el más grande salvador de la tierra empezaron a temerlo y preguntaron, inclusive: ‘¿hay más seres como tú?’. Algo que también merece ser mencionado aquí es que, al principio de esta historieta, muchos seres humanos estaban aterrados porque en el planeta que colisionaría en la tierra encontraron creaturas foráneas por fotos que circularon como evidencia en internet; el titular del periódico más popular entre los comics era el siguiente: ‘¡no estamos solos!’. Lo merece porque es una reacción normal ante un descubrimiento de tal naturaleza. Tanto si estamos solos como si alguien más esta allá afuera: ambas posibilidades son igual de aterradoras.  Otros piensan que el universo es tan grande que, si estuviéramos solos sería un enorme desperdicio astronómico de espacio interestelar; es por esto que me resisto a creer que estemos solos en el universo (una de las razones por las cuales la astronomía es interesante es porque tiene que ver con nosotros mismos, pero eso es otro cantar) y me atrevería a pensar que quizá ya existieron civilizaciones en el pasado y que también existirán en el futuro (por supuesto, cósmicamente hablando). No obstante, hay que ir paso por paso.

Una de las preguntas que la astronomía no resuelve completamente aun es: ¿Cómo se formó el sistema solar? Existe la teoría nebular  esta teoría dice que el nuestro sistema solar y los demás sistemas solares se formaron a partir de restos de otras nebulosas, pero centrémonos en la formación de nuestro sistema solar. Sabemos, también gracias a la astronomía,  que nuestro hogar cósmico se constituyó hace 4.600 millones de años y todos los cuerpos celestes que lo componen se constituyeron en ese entonces: el sol, los planetas interiores y exteriores, los cometas, ambos cinturones (el de asteroides y el de Kuiper) y todos los demás. En breves palabras, algo desencadeno que la nebulosa estallase y se formase el disco de acreción que, eventualmente, se convirtió en el sol. La masa que estaba más cerca de la protoestrella término convirtiéndose en los cuatro planetas menores de nuestro sistema solar: Mercurio, Venus, la Tierra y Marte y, además, el cinturón de asteroides. Los planetas que se formaron más allá de ese cinturón estaban tan lejanos del sol que se volvieron mundos fríos; para terminar, hay que decir que esta teoría la propuso el científico y teólogo sueco Emanuel Swedenborg, en 1734. Immanuel Kant, que era conocedor del trabajo de Swedenborg, desarrolló su teoría y la publicó en su Historia general de la naturaleza y teoría del cielo (1755). En este tratado, argumentaba que las nubes gaseosas rotaban lentamente, colapsando y achatándose debido a la gravedad, dando lugar a la formación de estrellas y planetas.[2]
Pero volvamos a nuestro asunto. Hay que destacar que, a día de hoy, hemos descubierto muchos exoplanetas (esto es, planetas que orbitan estrellas distintas a la nuestra). Hay que decir, al respecto, que este término habla mucho desde la perspectiva humana, y ya dije que es lo que eso significa más arriba… anteriormente, se creía que no podía haber más planetas como la tierra (planetas rocosos o telúricos, como prefieras llamarlos) o, simplemente, que no había planetas más allá de los confines de nuestro sistema estelar. Bueno, una de las características de la ciencia es que es descriptiva y verificable, por lo cual no hay que dar nada por sentado, y esto lo comprobamos en este caso: de creer que no había planetas en otras partes del universo creemos, y hemos descubierto,  que hay miles de ellos allá afuera (hablando desde nuestra perspectiva, lo reitero) parecidos a la tierra y a otros gaseosos como Júpiter y los demás planetas exteriores. Con respecto al descubrimiento de planetas como la tierra, tenemos el caso de nuestra estrella más cercana: próxima Centauri y su planeta, próxima b. próxima Centauri es una estrella enana roja de clase espectral M, que se encuentra a 4,2 años-luz de nuestra estrella, pero ¿qué es lo que hace que el planeta orbitando esta estrella  sea interesante? Un reciente estudio dice que podría tener auroras verdes, lo cual sería un indicio certero de que posee una atmosfera como nuestro mundo, pues este fenómeno se pude apreciar en las latitudes templadas de la tierra[3].
Volvamos a tocar el tema del sistema solar. Se creía que el sistema solar era una rareza cósmica pues, a diferencia de otros sistemas estelas con enanas amarillas, el sol es una estrella solitaria y, aunque este fuera un sistema binario, el planeta sería igualmente habitable. Más adelante, pudimos darnos cuenta que el sol pudo haber pertenecido a un sistema binario en el pasado…
Si echamos un vistazo sobre las estrellas enanas rojas, podemos encontrarnos con varios factores: en primera medida, son las estrellas más abundantes del universo. En segundo lugar, las tres cuartas partes de estrellas que componen nuestra galaxia son de este tipo. Tercero, en comparación a las enanas amarillas, estas estrellas tienen una secuencia principal mucho más longeva que aquellas: mientras las enanas amarillas pueden tener una secuencia principal  que dura miles de millones de años, la de las enanas rojas dura billones de años (es una cifra mareante, ¿verdad?).
Volvamos a examinar el presupuesto de la teoría nebular. Dado que ella dice que los sistemas estelares en el universo se originaron a partir de los vestigios de otras nebulosas, podemos aducir que podría existir (en un futuro cósmicamente hablando, desde luego) una civilización alienígena o que pudo existir alguna en nebulosas como la Nebulosa de Orión[4]; podemos deducir esto del hecho que nuestra estrella tendrá su propia nebulosa en unos 8000 millones de años (para entonces nuestra estrella será polvo y gas interestelar que dará origen a otro sistema solar).
Esto significa que los ritmos o los tiempos (por decirlo de alguna manera) en los que la vida se desarrolla o surge en el universo son o pueden ser marcadamente distintos y somos nosotros aquellos a quienes corresponde existir en este momento de la historia del universo. Un ejemplo más claro de ello es el sistema solar Epsilon Eridani[5], un sistema solar en constitución. Podemos pensar que, en algún momento de su existencia, podrá tener las condiciones favorables para la vida. Otra prueba de lo mismo podría ser el sistema estelar Wasp-121[6], que posee junto a su estrella un planeta denominado por nosotros un Júpiter caliente por la cercanía con su estrella. En base a esto, los astrónomos teorizan que, en el pasado, Júpiter se encontraba en la misma distancia de aquel planeta y posteriormente se trasladó a su órbita actual[7] impidiendo, de esta manera que se formasen más planetas rocosos en nuestro vecindario cósmico.
Volviendo ahora hacia la remota posibilidad de que pudo existir vida en el pasado en nuestra galaxia y, por ende, en el universo surge un interrogante: ¿Por qué no hay o por qué no sabemos de los indicios o vestigios de la existencia de otra posible vida inteligente como la del ser humano? ¿Será que, en caso de que hayan existido estas hipotéticas civilizaciones, no pudieron alcanzar el nivel de desarrollo tecnológico necesario y suficiente para intentar comunicarse con nosotros o con otros seres? Mejor aún, en caso de que existan ¿tienen los medios precisos para hacerlo? viendo que los tiempos de desarrollo de la vida en todo el universo tienen un ritmo marcadamente distinto, no podemos dar una respuesta certera a estos interrogantes. Valga la verdad: no tiene tampoco por qué coincidir nuestro tiempo biológico con el de los alienígenas, cuya existencia aun esta la ciencia por determinar. Tenemos que recordar, ante todo, que el asunto de la vida alienígena no es interesante por sí mismo. Nos interesa en tanto que nos ayuda a mejorar nuestra visión y comprensión del universo; a la astronomía le interesa, primeramente, este asunto solo en función del concepto del universo. Si así fuese, entonces tendría que decir que la astronomía no ha avanzado en lo absoluto, lo cual es, desde todo punto de vista, falso. Pongamos este asunto en perspectiva. Hace unos cuarenta años, se percibió una misteriosa señal: la señal Wow![8], y hasta el momento no se ha podido determinar que es o que fue aquella extraña señal de radio; se podrá corroborar que es eso en el futuro…
Y no podría ser de otro modo si traemos a colación las 234 señales de radio percibidas el año pasado por el telescopio Sloan Digital Sky Survey[9]. Al principio, unos astrónomos creyeron que se trataba de alienígenas, pero después se pudo corroborar que pertenecían a las llamaradas solares que esas estrellas enanas rojas inestables emitían. Con respecto a ellas, considero suficiente lo que acabo de mencionar en este artículo.  De hecho, siempre que percibimos este tipo de pulsos creemos que se trata de alienígenas y también nos damos cuenta (para decepción de algunos, hay que decirlo así) que se trata solamente de objetos celestes. Una vez hecha esta precisión, es un buen momento para hablar sobre las características que debe tener un planeta para que lo consideremos potencialmente habitable. En estos dos ejemplos, de tantos que quizás muchos conozcamos, hay una cosa en común: hay algunos que quieren convencernos de que si existen (lo cual no es nada reprochable, por cierto), pero no aducen las pruebas necesarias para demostrarlo. Recuerdo que, en febrero de este año, se hizo el descubrimiento de TRAPIST-1, y enseguida algunos medios de comunicación, con su habitual sensacionalismo, supusieron que existía vida en ese sistema solar. Tiempo después, y como la ciencia misma es verificable, se descubrió que, en las condiciones actuales, la vida no se puede desarrollar allí tal y como la conocemos, claro está… todo parece indicar que existe una cierta predisposición ante un potencial o hipotético  encuentro de vida alienígena. En ese orden de ideas, no hay lugar en el conocimiento para la pseudociencia denominada como ufología[10]pues, como hemos dicho ya, se carece de pruebas al respecto.
Por otra parte, en nuestra búsqueda de vida alienígena y de la potencial habitabilidad de otros planetas en el universo, destacan un factor muy importante:
¿Qué es la zona habitable?[11]  Definimos como zona habitable el lugar con respecto a una estrella (enana roja o enana amarilla) en el que es posible que exista el agua en estado líquido en la superficie de un objeto celeste (un planeta rocoso como la tierra, por supuesto). De modo que el planeta no esté tan lejos de la influencia de su estrella que su agua se congele ni que este tan cerca de ella para que se evapore. Esta zona de habitabilidad es relativa al tipo de estrella del que se esté hablando. Por ejemplo, la zona habitable de una enana amarilla como la nuestra es de unos 150 millones de kilómetros, aproximadamente. En el caso de las enanas rojas, dado que son menos masivas que nuestra estrella, su zona habitable está más cerca de la estrella. Nosotros creemos que son necesarios tres elementos para que la aparición de la vida, tal y como la conocemos, sea un proceso que se esté realizando: agua, energía y moléculas orgánicas. No obstante, también hay que tener otros factores para la habitabilidad de un planeta. Estos son: la composición del planeta que orbita la estrella, su tamaño, qué elementos ha podido retener, cómo es su campo magnético, la composición de su atmósfera y un largo etcétera para determinar si, aun estando en la zona habitable, puede dar lugar a la vida, entre otros. Como un detalle novedoso a todo esto, hay que añadir que algunos científicos teorizan sobre la existencia de una zona galáctica habitable. Para entender esto, recurro a una analogía: si hablamos sobre la habitabilidad planetaria hay que decir que ese planeta debe estar a una distancia adecuada para la vida. Si hablamos de la habitabilidad de un sistema solar, es necesario deducir que una estrella se encuentra en una distancia adecuada del centro galáctico para que ese sistema sea habitable[12].  En base a esto, podemos deducir que si queremos hallar un planeta habitable en nuestra galaxia en teoría debería estar orbitando una estrella que se encuentre a la misma distancia del centro galáctico  y, así, nuestras concepciones sobre la habitabilidad se expanden de manera sorprendente.
Esto, sin embargo, es visto desde nuestra perspectiva humana, pues no podemos hablar de lo que ignoramos. Si no sabemos nada sobre como surgió la vida en nuestro planeta, tampoco podremos hablar sobre cómo surgió (en caso de que haya existido, claro está)  la vida en otros mundos… para saber si un planeta puede albergar vida, es necesario saber cuántos planetas caben en la zona habitable de una estrella en concreto, y se ha buscado en las estrellas enanas rojas (las más abundantes en el universo) pero, por su inestabilidad se descarta que pueda haber condiciones propicias para la vida.
Como vemos, la zona habitable de por si no nos da una pista concluyente sobre la vida en otros mundos. Asimismo, he planteado que, supuestamente, se han percibido señales alienígenas mas no existen pruebas contundentes de que hay vida más allá de la tierra. Al menos, no hemos encontrado nada aun.
Rotación sincrónica y rotación sidérea[13]. La rotación sincrónica es la que da un planeta en cada uno de sus periodos orbitales con respecto a su estrella en el que su misma cara siempre observa a la estrella, es decir, no gira sobre sí mismo. Es un fenómeno conocido también como acoplamiento de marea. Esta es una cualidad muy frecuente en los exoplanetas encontrados hasta el momento e indica que en uno de los hemisferios hay calor perpetuo y en el otro frio perenne. En cambio, la rotación sidérea es aquella en que el planeta gira sobre sí mismo, como sucede en la tierra en un lapso de 24 horas (es lo que conocemos como día terrestre); es, precisamente, esto lo que hace que la vida sea posible en la tierra por la modulación de las temperaturas en su superficie. Además, esta es la principal causa de que nuestro mundo sea achatado en sus polos. En los demás planetas del sistema solar, la rotación sidérea solo se realiza en cuestión de horas. Por ejemplo, en Júpiter un día es de 10 horas, mientras que su periodo orbital consta de doce años terrestres. Entonces empezamos a ser conscientes de que miramos el universo desde nuestra propia perspectiva.
Volviendo al meollo del asunto, dos científicos han propuesto dos cosas: la ecuación de Drake y la paradoja de Fermi, que son los intentos más sobresalientes por descubrir  el porqué de la aparente ausencia de la vida extraterrestre. Mientras el uno afirma que pude haber miles de civilizaciones allí afuera, el otro excluye totalmente la posibilidad. Sin embargo, ambos intentos por dilucidar esta cuestión están lejos de ser concluyentes; tal parece que no se ha llegado a un punto intermedio al respecto. Ahora, al hablar de esto, surgen varios interrogantes: ¿es posible que, en universo tan grande como este estemos solos? En caso de que la respuesta a esta pregunta, hipotéticamente hablando, sea negativa aparece otra: ¿Por qué no hemos encontrado algún síntoma de que quieran comunicarse con nosotros? Algunos conjeturan  que las civilizaciones extraterrestres sean belicosas, pero tampoco se puede mirar como enemigos a quienes ignoramos que existen ¿si no existe rival como podemos señalarlo como enemigo? ‘De lo que no se puede hablar, es mejor callar’,  dije antes y esta es una oportunidad evidente para hacerlo.
¿Entraríamos en conflicto con la religión si hallásemos vida extraterrestre o tan solo con el hecho de tocar el tema? Pues, aunque a algunos les parezca extraño, la respuesta es no. No podríamos entrar en conflicto con ella. Los que creemos en un Dios creador del universo también podemos imaginar que Dios perfectamente haya querido hacer otras creaturas distintas y distantes de nosotros, y está en perfecto uso de libertad creadora para hacerlo, pero corresponde a la ciencia averiguar la respuesta. No sabemos que encontraremos en una década o dos… Es más, el hecho de que la ciencia haya sido vetada por algunos eclesiásticos en la historia, no debe significar que estas deban estar contrapuestas en ninguna medida. Ni siquiera la ciencia debe contraponerse con la filosofia, pues aquella parte de esta por la curiosidad que encierra y que motiva a la filosofía a pesar de que hayan adquirido un terreno propio con el avance de la Edad Media y el comienzo de la Edad Moderna. 

En conclusión, mientras estamos a la espera de algo que nos ayude a dar con uno de los tantos fines de una ciencia como la astronomía hay que disfrutar de nuestros días soleados y tardes lluviosas, de la brisa que nos acaricia cada vez que el viento sopla y del sol que cada mañana alumbra nuestros días con las personas que queremos y aquellas a las que les importamos…




[1] http://www.nature.com/news/winston-churchill-s-essay-on-alien-life-found-1.21467
[2] https://www.astrobita(cora.com/como-se-formo-el-sistema-solar/
[3] https://www.astrobitacora.com/proxima-b-podria-tener-auroras-verdes/
[4] https://www.astrobitacora.com/los-objetos-fallidos-de-la-nebulosa-de-orion/
[5] https://www.astrobitacora.com/epsilon-eridani-un-joven-espejo-del-sistema-solar/
[6] https://www.astrobitacora.com/wasp-121b-una-estratosfera-infernal/
[7] https://www.astrobitacora.com/la-gran-travesia-de-jupiter/
[8] https://www.astrobitacora.com/la-enigmatica-senal-wow/
[9] https://www.astrobitacora.com/descubren-senales-extranas-de-234-estrellas/
[10] https://www.astrobitacora.com/hay-vida-extraterrestre/
[11] https://www.astrobitacora.com/la-zona-habitable-y-la-busqueda-de-la-vida/
[12] https://www.astrobio.net/news-exclusive/galactic-habitable-zones/
[13] https://www.astrobitacora.com/exoplanetas-habitables-en-rotacion-sincrona-abundantes/